miércoles, 14 de febrero de 2007

Pechos congestionados y mastitis

Congestión

Es impotante distinguir entre la congestión patológica y la congestión fisiológica que ocurre durante los primeros días tras el parto. La congestión patológica se debe frecuentemente un modo incorrecto de dar el pecho, a menudo por hacerlo de modo infrecuente o inadecuado. Tu pecho (o ambos) se vuelve duro, repleto y sensible. Puedes notarlo caliente y tú te sientes muy mal. Es posible que tengas fiebre.

Lo primero que hay que hacer es reducir la congestión para que tu bebé pueda tomar el pecho de modo eficaz. Una vez que tu bebé sea capaz de mamar eficazmente, se te vaciará y ablandará el pecho. Si tu bebé no toma el pecho o lo toma sólo durante poco tiempo, deberías extraerte la leche, a mano o con un extractor. Tu especialista en lactancia te informará sobre la extracción manual o sobre el uso de extractores. Aplica calor húmedo antes de dar el pecho o de extraer la leche y date un masaje suave para estimular el reflejo de eyección de la leche. Unas compresas frías tras dar el pecho o tras la extracción ayudarán a calmar el dolor y la hinchazón.

Hay que tratar con rapidez para evitar posibles complicaciones.

Mastitis

La mastitis es una inflamación de la glándula mamaria o del tejido pectoral. La mastitis puede deberse a presiones internas o externas que llevan a una estasis (obstrucción del flujo) de la leche en el pecho. Esto significa que la mastitis puede deberse a la congestión. Si percibes una zona caliente y enrojecida en el pecho, si notas más sensible el pecho en un área determinada, si te sientes mal en general, con síntomas como los de la gripe, jaqueca y fiebre, acude inmediatamente al médico.

La mastitis necesita ser tratada cuanto antes.

Necesitas mucho reposo y una medicación adecuada. Es crucial que des el pecho frecuentemente o que extraigas la leche. El destete abrupto o dejar temporalmente de dar el pecho pueden retrasar la curación o causar más complicaciones.

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Sindrome del Zarandeo en Bebes

Zarandear a un bebé para que cese el llanto puede generar graves secuelas y daño cerebral, aunque no haya intención de maltrato, según expertos


ImageEl llanto de un bebé es el único recurso que tiene el niño en sus primeros años de vida para manifestar su estado de ánimo y necesidades vitales. Cuando la causa permanece desconocida, y el llanto no cesa, los padres o cuidadores a cargo del niño, desesperados, pueden reaccionar bruscamente y zarandear al bebé.

La sacudida violenta de la cabeza del niño pequeño provoca daño cerebral y, en consecuencia, el cese del llanto. Un hecho que hace que el comportamiento se repita en situaciones similares. Ésta es una de las graves consecuencias que se extrae de la amplia revisión bibliográfica realizada por un grupo de residentes de la Unidad Docente de Matronas de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud de la Universidad de Granada, publicada en la Revista de Enfermería Rol.

La profesora Concepción Ruiz Rodríguez, del departamento de Enfermería de la UGR, y encargada de dirigir el estudio, explica que el síndrome del bebé zarandeado es escasamente conocido, y puede producir múltiples lesiones que, en la mayoría de los casos, no son evidentes externamente. Aunque la gravedad del daño cerebral depende de la frecuencia, intensidad y duración del zarandeo, existen otras alteraciones leves observadas en este síndrome como irritabilidad, letargo, temblores, vómitos o pérdida de apetito, y otras más severas como lesiones oculares y fracturas de huesos.

El padre, principal agresor

En su gran mayoría, las víctimas son menores de dos años, siendo especialmente vulnerables los prematuros, los niños de bajo peso al nacer, con problemas de cólicos, con discapacidad, gemelos e hijastros. Por su parte, los agresores son en un mayor porcentaje hombres, frecuentemente el padre (44%) seguido del novio de la madre que convive en el hogar (20%); y en el caso de las mujeres, suelen ser las niñeras (18%) y en menor medida las madres (7%).

Según la información recogida en los artículos científicos publicados en los últimos cinco años, la investigadora asegura que "cuando se diagnostica este síndrome, la probabilidad de que haya ocurrido abuso o maltrato es muy alta". De ahí, la importancia en la detección precoz y, sobre todo, en la prevención adecuada por parte de los profesionales de la salud, ya que se trata de un síndrome que puede dejar graves secuelas y permanentes en el menor. De hecho, una valoración incompleta puede traer consecuencias serias y mortales para la víctima. Así, el 20% de los casos resulta fatal en los primeros días posteriores a la lesión, y de los que sobreviven, el 50% sufren una variedad de discapacidades y sólo un 30% se recupera totalmente.

Prevención

Por ello, Concepción Ruiz destaca “la importancia de instaurar programas de prevención y detección precoz en los que se impliquen profesionales de salud materno-infantil”. Son necesarios cursos de formación para padres y profesionales en los que se impartan conocimientos sobre las características de este síndrome y estrategias para afrontar situaciones estresantes. No obstante, la investigadora aclara que ”se trata de educar e informar sin alarmar, para evitar que padres que no hayan maltratado a sus hijos se sientan culpables y destituir ideas erróneas”.

jueves, 1 de febrero de 2007