jueves, 13 de diciembre de 2007

Las mamas de ahora dormimos menos que las de antaño

Una encuesta reciente, ordenada por la revista inglesa "Mother & Baby", reveló que las madres sobreviven con un promedio de nada más que tres horas y media de sueño por noche durante los primeros cuatro meses de vida de sus bebés, en tanto que un tercio de ellas descansan menos de tres horas diarias.

Las consecuencias de esta falta de sueño son preocupantes. La mitad de las madres consultadas indicaron que esta ausencia de descanso había provocado peleas con sus parejas. El 13% admitió haber estado al borde de la separación y un 3% que había desgastado por completo la relación conyugal. Un 83% indicó que el propio cansancio las había alejado del sexo y el 94% admitió que prefería dormir antes que cualquier otra cosa.

Los resultados de esta encuesta no sorprenden. Lo que sí logra sorprender es que las madres de hoy duermen la mitad del tiempo de lo que lo hacían las suyas. Sus madres dormían por lo general un promedio de seis horas, lo que parece apuntar a un cambio cultural bastante marcado.

Pero ¿a qué responde esta diferencia? El informe da cuenta también de un cambio en la actitud de las mujeres respecto de la crianza de los hijos. Destaca en especial el uso generalizado, hoy, de productos tales como monitores para bebés y colchones para cunas provistos de alarmas (para el caso de que el bebé tenga demasiado frío o calor). De hecho, el 74% de las inglesas encuestadas dijeron contar con "alarmas para bebés", en tanto que el 19% había invertido en "sensores de la respiración" y el 12% había instalado "pantallas para registrar al bebé en la cuna". Dispositivos todos que contribuyeron a crear una generación de madres más temerosas y, por ende, más alertas y despiertas.

La británica Lucy Cavandish da su propio testimonio y cuenta que cuando nació Raymond, su hijo mayor, 11 años atrás, no contaba con ninguno de los aparatitos para escuchar al bebé desde otro cuarto que pueden conseguirse hoy. Confiesa que Raymond durmió con ella y su marido durante sus seis primeros meses de vida y que tenía tanto miedo de que se ahogara debajo del pesado acolchado de invierno que los dos dormían semi destapados a pesar del frío. Lucy cuenta que cuando su hijo cumplió los primeros seis meses de vida lo mudó a su propio cuarto con la creencia de que si lloraba lo iba a escuchar. De todos modos, siempre tenía miedo. Aún cuando todo estaba en silencio, ella estaba convencida de que lloraba e iba a verlo.

Cuando Lucy le contó a su madre que se sentía agotada, le contestó que nadie nunca se había muerto por falta de sueño. En otra encuesta, mujeres mayores enumeraron sugerencias para las madres nuevas. En el listado, incluyeron recomendaciones tales como dejar llorar al bebe durante más tiempo, invertir en chupetes y no amamantar. Consejos que serían vistos como polémicos en la época actual.

El otro hallazgo interesante es que los padres duermen bastante en esos primeros meses de su hijo. Un promedio de siete horas, de hecho. De los hombres entrevistados, el 55% dijo de hecho haberse levantado poco o casi nunca para ocuparse de su bebé en horas de la noche, mientras que el 23% afirmó no despertarse con el llanto de sus hijos.

Lucy, que ya va por su cuarto hijo, confiesa no poder desconectarse por completo de sus bebés recién nacidos. Es posible que ésta sea la diferencia entre las distintas generaciones de mujeres y entre los padres y las madres. En la actualidad, las madres tienden a ubicar las necesidades de su hijos por encima de las propias. Lucy se consuela pensando que toda esta etapa de pocas horas de sueño va a terminar un día, aunque sospecha que nunca más podrá volver a dormir como antes.

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