martes, 19 de febrero de 2008

Estivill: "Hay que volver a contar cuentos a los niños para dormir"


Tras haber facilitado el descanso de miles de padres españoles con su libro Duérmete, niño, Eduard Estivill (Barcelona, 1948) vuelve a la carga con una nueva obra para hacer más llevadera la compleja tarea de ser padres. En esta ocasión, y mano a mano con la escritora Yolanda Sáenz de Tejada, Estivill publicará el próximo 7 de marzo ¡A jugar! (Ediciones DeBols!llo), una guía práctica que, mediante juegos y trucos, persigue que los niños aprendan buenos hábitos de sueño, alimentación, lectura e higiene. Estivill considera que los padres españoles están hoy mejor preparados, aunque tienen que solventar una gran dificultad: la falta de tiempo.

¿Los padres españoles saben educar bien a sus hijos?
Creo que son estupendos, lo que ocurre es que tienen un problema importante, y es que la sociedad les machaca en cuestiones de tiempo. Cuando hablas con ellos y les explicas lo que hay que hacer, son los mejores profesores, lo hacen estupendamente. Sobre todo las madres que, pese a haberse incorporado al mundo laboral, cumplen muy bien en su trabajo y siguen cumpliendo muy bien en casa, siendo, en definitiva, las responsables de llevarla adelante. Lo que pasa es que los padres llegan a casa a las ocho de la noche, y se pierden las normas de convivencia y los buenos hábitos por la sencilla razón de que todo el mundo está cansado.

La falta de tiempo parece un problema de difícil resolución, tal como están las cosas...
Hay que mentalizarse; es mentira que no podamos hacer nada. A veces no es tanto la cantidad de tiempo que los padres están con sus hijos como la calidad. Cuando los dos padres llegan a las ocho de la tarde y no tienen tiempo para nada, lo más cómodo es preparar una pizza y sentarse delante del televisor, con lo cual el niño se alimenta mal, porque siempre come lo mismo. Tampoco se habla en la casa, y el niño se va a dormir tarde porque quiere ver la televisión.

¿Qué deben hacer los padres para cambiar esta situación?
En vez de dejar que esto suceda, los padres deben ser conscientes de que no importa que no tengan mucho tiempo. En primer lugar, deben hacer una cena un poco distinta, pero todos juntos, como si fuera un juego. Hay que cenar sin la televisión encendida, porque así se puede hablar y, aunque sea poco tiempo, el niño está comunicándose con su familia. Tenemos que cambiar el chip; hay poco tiempo, pero debe aprovecharse de otra manera.

¿Los niños se acuestan demasiado tarde?
Este es un problema gravísimo; efectivamente, los niños andan cortos de sueño, sobre todo los de siete años en adelante. Al día siguiente, estos niños, que se levantan a las siete u ocho de la mañana para ir al colegio, llegan allí y no rinden como deben. Antes, según los profesores, las materias más importantes o que necesitaban más concentración, como las matemáticas o la física, se ponían a primera hora de la mañana; en cambio hoy se ven obligados a ponerlas a partir de las once porque los niños les llegan dormidos. La televisión no es ni buena ni mala, es un elemento importante de comunicación, y hay que saber verlo, al igual que no nos pasamos todo el tiempo leyendo el periódico o escuchando la radio.

Además de la falta de descanso, ¿empeora la calidad del sueño infantil por ver la televisión o jugar a la consola antes de irse a dormir?
Totalmente. Esto lo vemos con niños que con nueve o diez años ya tienen el ordenador o la consola en su habitación. Para que no molesten, los padres les dejan y, claro, lo que hace el pequeño es utilizar estas tecnologías. El niño es un ser que si lo conduces por un camino atractivo va a participar. No es malo que el niño juegue a la consola, ni que vea la televisión o maneje el ordenador; lo malo es que esto ocupe un 30% de su vida.

¿Hay que evitar la consola o el ordenador en las horas previas a que el niño se acuesta?
Por supuesto, deben dejar de usarlos como mínimo dos horas antes de dormir. Cuando un niño llega del colegio tiene que tener un tiempo para jugar a la consola, un tiempo para hacer los deberes, un tiempo para bañarse, un tiempo para cenar, y un tiempo para dormir. Después de cenar, no tiene que haber ninguna actividad intelectual de tipo estresante.

Entonces, ¿qué actividad debe realizar en ese momento?
Lo que recomiendo es algo que nuestros padres y abuelos hacían muy bien: contar un cuento al niño antes de dormir. Un cuento es una actividad relajante y, al mismo tiempo, una acto de comunicación; el niño te mira y te escucha. Una consola es buena en cuanto a la actividad que supone, pero es totalmente incomunicativa. Además, si a un niño le acostumbras a escuchar un cuento cada noche, seguro que será un lector cuando sea adulto. Tenemos que volver a contar cuentos a los niños.

¿También influye el tipo de comida en la calidad del sueño de los más pequeños?
Sí, porque muchas veces el tipo de comida que se cena es prefabricada, casi siempre lo mismo. Los padres piensan que a los niños les gusta, pero esto no es cierto, porque el niño es un gourmet en potencia. Pon a un niño a comer un buen jamón de jabugo o unas gambas a la plancha, y ya verás cómo le va a encantar. No hay genes que nos digan que a los niños no les gustan los guisantes y en cambio les tienen que gustar las hamburguesas con patatas.

¿No cree que a veces parece que los niños de sociedades como la española carecen de ilusiones y están hastiados, pese a tener más cosas que nunca?
Es cierto, y se debe a que los niños no están educados en la frustración. El niño tiene que aprender que no se puede conseguir todo y que para conseguir algo hace falta luchar y cuesta. En esta sociedad les damos todo, demasiadas cosas. El niño pierde interés y no tiene resistencia al fracaso, carece de capacidad de superación. Tienen que saber que no lo pueden conseguir todo, ya que de lo contrario hacemos niños que parecen depresivos.

¿No les cuesta cada vez más a los padres expresar afecto a sus hijos?
Esto ocurre porque nos tocamos poco. Nos está pasando un poco como a los norteamericanos, que pasan al lado y piden perdón si te rozan el hombro. Aquí cogemos a la gente por el hombro, la agarramos por el brazo, y a los hijos les damos abrazos y caricias, pero lo cierto es que nuestra sociedad es cada vez más fría con los hijos.

www.publico.es

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