miércoles, 24 de diciembre de 2008

Argentina: Una mamá que reparte amor en el Hospital Posadas


Qué nene no deseó alguna vez que Papá Noel llegara a su casa con un gran trineo tirado por sus renos unos días antes. Este sueño se hizo realidad para los chicos del Hospital Posadas, de Haedo, que el sábado pasado lo recibieron con mucha alegría. Eran las 9 y media cuando, algunos todavía un poco dormidos, vieron la llegada del tan esperado Papá Noel. Mauro, de 6 años, se enteró que andaba recorriendo las habitaciones del hospital una por una, pero no pudo esperar y salió a buscarlo al pasillo con una mezcla de alegría y vergüenza. Camila, en cambio, esperó a que llegara y se agachara para darle un fuerte abrazo. Algunos, ya más grandes, aprovecharon para pedirle "una novia" para la próxima Navidad.

Tal como en un cuento, por donde este señor vestido de rojo pasaba, la habitación se llenaba de alegría como si hubiese tirado un poquito de polvo mágico sobre cada uno de los 120 nenes que visitó. Pero el recorrido no lo hizo sólo. Ema Perín y Stella Maris Resquin, del Servicio de Voluntarias del Hospital --más conocidas como "Damas de Rosa"--, lo acompañaron habitación por habitación. Ellas son muy queridas en el hospital y van saludando a cada enfermero, doctor y padre que se cruzan por el camino. Mientras Papá Noel repartía sus regalos, Ema les decía a los nenes su deseo para esta Navidad: "Yo voy a pedir que ustedes puedan recuperarse prontito para poder ir a sus casas".

Abajo de ese disfraz, demasiado invernal para los 30 grados del verano de Buenos Aires, está Verónica Frigeri. No es la primera vez que esta vecina de Haedo, de 35 años, visita el hospital disfrazada, ya que el año pasado lo hizo vestida de conejo para Pascuas y de duende para Navidad.

Hace tres años, Verónica pasó una Nochebuena en una clínica con su hijo André, de un año, que padecía de meningitis. "Nosotros teníamos toda la ilusión de pasar esa segunda Navidad juntos, de esperar a Papá Noel y, al final, fue triste porque el gordo estaba muy grave, internado", cuenta. Verónica recuerda que, como contaba con una buena obra social, pudo conseguir la vacuna para su hijo, que pudo recuperarse. Su experiencia con André la llevó a pensar en todas aquellas personas que pasan por su misma situación y decidió que sería bueno llevarles un poco de alegría. "Es muy doloroso pasar un día festivo en el hospital y lo sé porque nos sucedió a nosotros. Entonces quise hacer algo por la gente que tiene que estar ahí en las Fiestas", cuenta.

El puntapié para empezar con esta actividad en el Hospital Posadas se dio por un comentario que le hizo Ema Perín, la jefa del Servicio de Voluntarias. "Un día, ella me contó que unas personas fueron a hacer de Reyes Magos, entonces yo quise hacer algo así pero para las Pascuas", recuerda. Y ahí fue cuando vestida del conejo Bugs Bunny visitó a los chicos sala por sala repartiendo títeres. La experiencia fue tan buena que, esta vez disfrazada de duende, decidió ir para la Navidad del 2007. Pero Verónica no deja de destacar el trabajo que hacen a diario las Damas de Rosa, que juegan con los chicos, preparan regalitos, decoran los pasillos y, sobre todo, alegran el lugar. "Ellas nos enseñan día a día a ser mejores personas, a sacar lo mejor de nosotros. Tienen mucho amor para dar", dice.

Este año, André fue quien ayudó a su mamá a preparar los regalitos. "Armamos arbolitos de Navidad y mi hijo de cuatro años me ayudó. Cuando los pinté, él los iba acomodando al sol para que se secaran, después les pegó las estrellitas y cortó las cintitas de los moños", relata. El nene sabe que es para el hospital y Verónica aprovechó para contarle que él había estado enfermo en Navidad y que, de esta manera, ayudaban a que los chicos que están internados la pasen mejor.

Para esta visita, Verónica consiguió el disfraz de Papá Noel y fue al hospital a entregar no sólo regalitos sino también amor y alegría. "Hay mucho para hacer todavía. La solidaridad no es un concepto vago sino un acto para realizar a diario", destaca y, como conclusión, reflexiona: "La expresión más alta de la violencia es la indiferencia. A veces, con poco se hace mucho, y otras, con mucho se hace poco".

Desde | Clarin

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