jueves, 26 de febrero de 2009

Morir a 20 km/hr


No manejan, no beben, no rebasan los límites de velocidad, pero cada año mil 800 niños pierden la vida en un accidente de tránsito. Más de la mitad de estas muertes sucede dentro de un vehículo. El resto, son menores atropellados. ¿Quién tiene la culpa?



“La principal causa de muerte desde recién nacidos hasta los 14 años de edad son los accidentes de tránsito”, señala Arturo Cervantes, secretario técnico del Centro Nacional de Prevención de Accidentes (Cenapra).

“La mayor parte de los niños se mueren atrás, y desde atrás rompen el parabrisas o salen por la ventana”, dice al revisar las estadísticas.

Ninguno de los entre 4 ó 5 menores que pierden la vida en un automóvil al día en el país lleva el cinturón de seguridad o viaja en una silla porta-infantes. Mucho menos tuvo la opción de decidir por sí mismo en qué asiento quería viajar.

“El cinturón no me va a evitar accidentes”, asegura el ingeniero civil y experto en seguridad vial, Germán Camacho Uribe, “pero disminuye el riesgo de tener daños mayores. Los niños siempre acatan lo que los mayores les dicen y si el mayor no está acostumbrado a eso (el uso del cinturón), entonces el niño es el que va más desprotegido”.

De hecho, los niños no son sólo los más vulnerables, sino que también son los más frágiles.

Para morir en un auto no requieren que el vehículo vaya a más de 20 kilómetros por hora.

Así lo confirman cientos de estudios internacionales sobre seguridad vial pero, para comprobarlo, Perspectiva 13 y EL UNIVERSAL fueron testigos de un par de pruebas de impacto realizadas en el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI) en Toluca.

Se impactaron dos vehículos contra un muro de concreto. Dentro de los autos viajaban los “dummies” (muñecos cuyo peso y articulaciones replican las de un ser humano) de un adulto y de un niño de alrededor de 10 años.

En un primer escenario se colocó el “dummie” del menor en el asiento delantero y sin asegurar, y en el segundo, sin cinturón, pero en el asiento de atrás.

La velocidad al momento del impacto osciló entre 20 y 30 kilómetros por hora para “representar un accidente típico urbano que es donde suceden las muertes: para ir a la escuela, a la tienda, al súper”, indica Francisco de Anda, del Cenapra.

“Los ‘dummies’ no estaban sujetos y tuvieron un desplazamiento hacia la parte frontal. El ‘dummie’ del niño tuvo impactos muy fuertes”, detalló Miguel Guzmán, subdirector del CESVI, conforme recorrió la escena del choque.

“El principal golpe lo tenemos en el pecho contra lo que es el tablero, observamos daños bastante severos en las rodillas y las piernas, hay deformación también del tablero, hay un impacto fuerte de la cabeza hacia el parabrisas; se observa cómo está estrellado”, describió.

Un paramédico invitado a la prueba tradujo: “Sería un paciente de 10 años con traumatismocraneoencefálico, en este caso posiblemente también tendríamos una fractura expuesta del fémur derecho, probablemente también fractura en costillas y esternón”.

El “dummie” del niño presentó lo que se conoce como el síndrome del deslizamiento, muy común en niños accidentados. Los que no salen volando se deslizan y quedan atrapados dentro de los autos.

“Los 25.22 km por hora pueden parecer poca velocidad pero no lo son”, explicó Miguel Ángel Guzmán. “Cuando hay impacto contra un vehículo se podría considerar esta velocidad a 50 km por hora”.

Pero lo de menos es la velocidad. Por razones anatómicas los niños están más expuestos que los adultos, pues proporcionalmente su cabeza es más pesada; por ello, salen proyectados como misiles.

“Se para el carro y el niño sigue a 50, 70, 80 kilómetros por hora y sale disparado”, subraya Arturo Cervantes.

La cabeza es la que impacta primero y por ello las lesiones de los accidentes en menores de edad suelen ser las mismas: fracturas y deformaciones craneales en primer lugar y, en segundo, daños en la columna.

Esta última se presentó en el segundo choque, con el “dummie” viajando atrás y sin cinturón. Se observó cómo su cabeza chicoteó tras impactarse contra el asiento que se ubica adelante de él.

“Este impacto se dio en 40% de la superficie delantera del vehículo y no fue un impacto totalmente de frente; el ‘dummie’ se recorrió a la derecha, hay un efecto látigo que le lastima las cervicales, también hay golpes en la cara y posibles lesiones en rodillas y tobillos”, dice el especialista del CESVI.

La escena no es tan aparatosa como en el primer impacto. No hay vidrios rotos. Sólo el asiento delantero desplazado, pues ahí se colisionó el niño. Pero queda una pregunta latente entre quienes observaron la prueba: ¿un chicotazo así bastaría para desnucar a un menor o para causarle daños irreversibles en la columna?

Carolina Rocha Menocal / PERSPECTIVA 13
El Universal
sociedad@eluniversal.com.mx

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1 Comentario:

Arabela y yo Dijo...

que buen post,aqui en mi pais es tremendo como mueren niños y bbs ya no veo los noticieros pq no soporto ver esto...sigue siendo culpa de los adultos todo lo q les pase a ellos no hay resposabilidad y siento bronca hacia esto
un beso

 

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