martes, 8 de diciembre de 2009

Pedir y pedir, sin parar


En cuanto dispone de unas monedas, tiene la necesidad imperiosa de gastarlas inmediatamente sin que le sobre ni un céntimo. No le importa en qué gastarlo, pero tiene que hacerlo inmediatamente. Si no tiene dinero, no para de pedir hasta que le compramos algo. ¿Se puede enseñar a usar el dinero y a administrarlo? La mayoría de los padres estamos de acuerdo en que hay que hacerlo, pero ¿cómo?
El dinero, además de ser un invento que ha ayudado al progreso de la humanidad, es una realidad cotidiana y un elemento sociológico y cultural con el que necesariamente deberán convivir nuestros hijos. Tiene una considerable importancia funcional y no siempre se le da la importancia educativa proporcional.
Los padres de César, de cuatro años de edad, observaron durante sus vacaciones de verano que cuando salían a pasear por las tardes, como era su costumbre, y le preguntaban si quería un helado u alguna otra golosina, éste rehusaba la invitación y continuaba con sus juegos. Como la conducta se repitiera varios días y fuera del todo desacostumbrada, llegaron a la conclusión de que alguna cosa anormal estaba pasando y que tenían que descubrirla. Tras algún rodeo César confesó:
- "Si no compramos helados, ahorraremos para comprar la rulote que nos gustó tanto".

"Julio, con catorce años de edad, recrimina a sus padres continuamente porque no quieren comprarle una moto y como consecuencia se niega a estudiar. Su madre me explicaba que lo que más desearía es tener dinero para comprarle la moto a ver si así se tomaba interés".

Son dos historias reales que ejemplifican el punto y el contrapunto en la educación del uso del dinero. Se puede afirmar que los padres de César están haciendo una mejor tarea educativa que los de Julio, ya que César, con sólo 4 años, es capaz de dominar un deseo muy apetitoso, estimulado por algo que está muy lejano en el tiempo, mientras que Julio, que ya es bastante más mayor, no es capaz de cumplir con sus responsabilidades si no es a cambio de un bien material.

Aprendizajes relacionados con el dinero.

Aunque puedan parecer obvios, conviene asegurarse que nuestros hijos logran asimilar ciertos aprendizajes relacionados con el dinero. Pensemos que dichos aprendizajes no se adquieren de forma espontánea sino que son fruto de los estímulos recibidos. Normalmente, si en casa se han ofrecido modelos adecuados, es frecuente que los hijos actúen de manera consecuente. Pero no siempre ni necesariamente es así. En ocasiones, como consecuencia de otras influencias o por una falta de sensibilidad hacia ciertos aprendizajes, puede ocurrir que nuestros hijos presenten actitudes insensatas o incoherentes en relación con el dinero. Conviene, por lo tanto asegurarse que van asimilado determinadas actitudes y hábitos antes de que sea demasiado tarde.

En concreto deben aprender que:

1. Conviene administrar el dinero de forma que una parte se ahorre para poder conseguir bienes de coste elevado.

2. El dinero sirve para obtener cosas necesarias y útiles y para sufragar algunos caprichos o actividades de recreo.

3. Con el dinero se puede ser solidario y ayudar a otros.

4. Si se cuidan las cosas que usamos, evitamos gastos innecesarios y ello nos permitirá poder comprar otras cosas.

5. El dinero se obtiene a cambio de trabajo.

6. Todos tenemos derecho a disponer de dinero a cambio de trabajo, pero no a tener dinero a cambio de nada, eso es un privilegio.

7. Hay que administrar el dinero de forma que permita hacer frente a los gastos de un determinado período de tiempo.

La manera de saber si realmente lo han aprendido será observar si, de manera progresiva, muestran formas de comportamiento acordes con los aprendizajes subrayados.

La edad de los hijos condicionará los aprendizajes que podemos proponerles.

La prudencia nos advierte que no es posible enseñar todo a la vez. Además su madurez intelectual les impediría algunos aprendizajes. Como consecuencia lo recomendable es secuenciar los objetivos según su edad:

* Hasta los siete u ocho años se pueden entrenar preferiblemente los tres primeros aprendizajes. Son las primeras actitudes de ahorro, de solidaridad y del uso del dinero.

* Entre los ocho y los once o doce años, cuando ya tiene una visión menos egocéntrica del mundo y es capaz de realizar y entender algunos razonamientos y de relacionar algunas consecuencias con sus causas, es el momento de que descubra la relación del dinero con el trabajo y que aprenda relacionar el cuidado de las cosas con el dinero. Podemos intentar además de los tres primeros, los aprendizajes que se presentan en cuarto y quinto lugar.

* A partir de los doce años con la progresiva aparición del pensamiento formal y de la capacidad temporal, podemos enseñarles a administrar, a ser previsores y a valorar sus derechos, obligaciones y privilegios. Intentaremos llegar al final de la lista de objetivos.

El uso del dinero antes de los ocho años.

Desde los primeros años es aconsejable que aprovechemos cualquier circunstancia para que participen en actividades de compra. Podemos pedirles que pidan ellos lo que vamos a comprar, que paguen con el dinero que les damos, que esperen el cambio... Será un primer contacto con el dinero y las compras.

Cuando alcancen madurez suficiente para comprender las cantidades y los precios de algunas cosas que les interesen (golosinas, pequeños juguetes, material escolar...), se puede aprovechar para darles una cierta cantidad de dinero y que decidan qué quiere comprar en un quiosco, en la librería etc… Las primeras veces vale la pena ayudarle a tomar decisiones.
Es importante usar la misma estrategia para comprar objetos superfluos y objetos necesarios (lápices, sacapuntas, libretas...). Se trata que desde un principio participe en la compra de los dos tipos de productos ya que, de lo contrario, algunos de nuestros hijos acaban por pensar que las cosas necesarias y útiles son algo que viene dado siempre y que por lo tanto no hay que pensar en ello. Por el contrario intentaremos sentar las bases para que en su campo de visión económica entren las diferentes facetas de dicha realidad.

De forma simultánea tendríamos que proporcionarle una "hucha" o instrumento similar, donde pueda guardar el dinero sobrante de sus compras o el que pueda recibir de familiares o amigos y que no haya gastado. Junto con la adquisición de la hucha, deberíamos explicarle que allí se puede guardar el dinero y que éste puede servir para comprar alguna cosa para sí mismo o para hacer un regalo. Es importante que desde el principio le hablemos de las dos finalidades y le ayudemos a plantearse alguna en concreto (algo que le haga ilusión, el cumpleaños de la mamá...). También es el momento de aprovechar cualquier hecho de la actualidad para animarle a usar parte de ese dinero en donativos que ayuden a otros, siempre dándole libertad para decidir la cantidad.

Como en otras facetas educativas, se tratará de acompañarle en sus primeros contactos con el dinero para que sea capaz de percibir diferentes aspectos de la realidad y, con ello, aprenda a tomar decisiones razonables. Más adelante, a medida que notemos sus avances, aumentaremos su libertad y la dificultad de sus decisiones.

Desde | Solo Hijos

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