lunes, 1 de octubre de 2007

Parto en el agua


Dar a luz en un ambiente acuático es una opción de parto natural con un número creciente de seguidores
El primer parto dentro del agua del que se tiene noticia está registrado en 1803, en Francia. No obstante, no es hasta 1970 que el médico francés Michel Odent empezó a introducir a las parturientas en una bañera de forma sistemática. Descubrió que el uso de agua caliente en el parto era beneficioso puesto que disminuía el dolor y favorecía la dilatación cervical, sobretodo en aquellas mujeres con contracciones ineficaces. Fue a partir de 1981, en Estados Unidos, cuando esta práctica empezó a popularizarse como opción alternativa para dar a luz.

Casi 30 años después de los hallazgos de Odent, la práctica del parto acuático se ha extendido notablemente. Esta opción se sigue en el Reino Unido, Francia, Bélgica, Japón, EEUU, Australia y España, donde cada vez más se crean centros en donde tienen lugar este tipo de nacimientos. Según sus partidarios, es una iniciativa más humanizada y natural, ya que cada mujer da a luz a su propio modo y bajo sus instintos.

Existe evidencia de que la inmersión en agua durante la dilatación reduce la percepción del dolor en las parturientas

En España existe un centro donde es posible dar a luz en el agua, la clínica Acuario, en la comunidad valenciana. Según datos facilitados por la dirección del centro, durante 2005 se asistieron 331 partos en la clínica y otros ocho en casa, sólo en la zona de Alicante. Este año, hasta la fecha han dado a luz 286 mujeres. «Las mujeres que se benefician son aquellas que no presentan patología obstétrica, que no necesitan o no quieren anestesia epidural y, por supuesto, que se encuentran cómodas y confiadas en el agua», explican. También añaden que aunque la mayoría utiliza el agua durante la dilatación, no todas paren en el agua.

Menos dolor y mejor dilatación

El nacimiento es un proceso involuntario y no se puede ayudar a un acto involuntario, pero se puede interferir o favorecerlo. El agua en el parto es un método sencillo y eficaz que favorece que la mujer recupere su instinto biológico y que su sistema neuro-hormonal facilite el parto, con menos dolor, menos analgésicos y menos intervenciones médicas.

Cuando una parturienta se introduce en una bañera con agua caliente (con una temperatura de 37°C), se reduce la producción de adrenalina. Esta hormona es la culpable del endurecimiento del cérvix (cuello del útero), cosa que retrasa la dilatación. Además, el ambiente acuático reduce la fuerza de la gravedad y la estimulación sensorial y aumenta la producción de endorfinas (neurotransmisores producidos por la glándula pituitaria responsables de disminuir las sensaciones dolorosas). El agua caliente, igualmente, relaja la musculatura de la madre y repercute en una respiración más tranquila. El ritmo y la intensidad de las contracciones disminuye, pero la dilatación es más rápida.

La mujer consigue intimidad con el aislamiento sensorial que produce el baño de agua caliente, estando a oscuras y en silencio. En estas circunstancias, apuntan desde la clínica Acuario «el efecto puede ser espectacular en la primera hora». Enrique Lebredo, ginecólogo del centro, explica que la mujer debe meterse en el agua con el parto ya mediado, con cinco centímetros de dilatación. Entonces el baño le hace experimentar una profunda regresión, con movimientos desinhibidos y un cierto descontrol en la respiración. «Son momentos en que los asistentes y acompañantes deben tratar de inmiscuirse lo menos posible para no interferir en el proceso», añade el ginecólogo. Según los expertos, los exámenes vaginales son innecesarios en esta fase y el apoyo emocional es mejor prestarlo a través del contacto.

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