miércoles, 21 de noviembre de 2007

Niños con el alma de otro

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Es normal que en una etapa del desarrollo los niños quieran imitar a personas, animales u objetos que tienen alrededor. Los padres no deben preocuparse, pero sí saber cómo actuar.

-¡¡¡Miiiaaauuuuuu!!!
-Hola, Sofía, ¿cómo estás?
-Miau, miau, miau.
- ¿Por qué no hablas?
-Miau.

Sofía dejó de ser una niña para convertirse en gato durante dos días. No le hablaba a nadie, porque los gatos no hablan, maúllan. Ella estaba convencida de que ahora era una felina.

Santiago tiene 3 años, pero ya no es Santiago, o por lo menos eso dice cada vez que alguien lo saluda por su nombre: soy Robi Rotten, corrige. (El malvado y perezoso de Lazy Town, su caricatura favorita).

“Los dos comportamientos son absolutamente normales, porque hacen parte del desarrollo de los niños entre los 3 y los 6 años de edad”-, dice la siquiatra infantil Juanita Atuesta.
“Los niños confunden la fantasía con la realidad y entre más pequeños son, más normal es. Ellos creen en Papá Noel o en las hadas y los papás deben entenderlos, no enfrentarlos y decirles ‘deja la bobada’, dice.

En su consulta, Atuesta recuerda que ha identificado a los personajes que los niños creen ser, como alguien a quien admiran, o de quien necesitan, para justificar su comportamiento.
Por ejemplo, a Santi le gusta Robi Rotten, que no es más que el villano. “La pregunta que se le debe hacer es ¿por qué te gusta el personaje malo? y muchas veces no es por lo perverso, sino porque sufre y puede llegar a sentirle lástima”, comenta la experta.

Si le gusta ser un animal es porque quizás se ha dado cuenta de que, por ejemplo, al gato lo acarician y lo consienten y él quiere ser tratado igual.

Para Beatriz Parra, directora científica del Centro Psicológico del Aprehendizaje, este comportamiento puede ser una manera de llamar la atención. “Porque ellos buscan con esa conducta aceptación del ambiente, que la mamá les diga a los demás: “mira cómo hace de lindo”.

Del juego a la realidad

El problema radica en que los pequeños dejen de hacer sus actividades cotidianas o su realidad se afecte por asumir el rol de otro personaje.

Si el niño lleva semanas o meses en que no deja de actuar como un perro, un gato o un superhéroe, ha dejado de hablar o no quiere bañarse porque los gatos no se bañan, se debe considerar como una situación que requiere atención. También existe riesgo cuando los padres no les han enseñado a los niños a diferenciar el mundo ficticio de la realidad y ellos creen que, al ponerse el traje de Hombre Araña, podrán subir por las paredes o saltar de un edificio a otro. Existen historias dolorosas en torno a este tema.

Los niños también pueden darles vida a objetos inanimados; por ejemplo, Santiago le dijo un día a su mamá: “Me está doliendo la panza y para que me deje de doler, el estómago me dice que tengo que comer pizza”.

Pero si el pequeño no abandona fácilmente la actitud, puede estar siendo reforzado por una conducta negativa de los adultos. Según Beatriz Parra, los padres le dicen continuamente: no lo hagas, por qué lo hiciste, si lo haces te castigo. Y como el propósito de ellos es llamar la atención, van a seguir haciéndolo, porque lograron su objetivo.

Padres: los narradores del cuento

El papel de los papás en estos casos siempre es servir de guía y lo más importante es que les muestren a los niños la diferencia entre la fantasía y la realidad. ¿Cómo? Por ejemplo, las películas en DVD traen como material adicional el ‘detrás de cámaras’. Así, el pequeño se podrá dar cuenta de que el personaje de la cinta está hecho a base de dibujos por computador o que Superman está colgado de un arnés y no puede volar realmente.

Busque también en Internet este tipo de videos, o la reseña de las caricaturas en donde expliquen quién las creó, en qué concepto se basaron. Así el pequeño podrá diferenciar que sus dibujos tienen propiedades que le han dado otros seres humanos creativos.

Cuando los niños les den vida a los objetos, es muy importante que los padres les digan: “yo sé que tú quieres mucho tu cama o tu lámpara, pero no puede hablar, así que ella no fue la que te dijo eso”, pero siempre con el amor y el cariño que el niño necesita para no acabar con su capacidad de soñar.

Consejos para los padres

Si el pequeño imita a un animal o a un super héroe, se le puede decir: “está bien, juguemos un rato a ser gato y yo soy oveja”. Después de unos minutos cambien: “ahora yo soy perro y tú eres elefante”. Lo importante es que el niño entre y salga del juego, para que note la diferencia.

La siquiatra Juanita Atuesta recomienda que se le diga, después de que terminen el juego: “ahora vamos a volver a la realidad. Volvemos a ser papá, mamá y bebé”.

Y aunque le digan al niño en un momento que es muy bonito lo que hace, no deben estar reforzando en exceso la conducta. Se hace necesario prestar mayor atención; si el pequeño se molesta o se pone irritable cuando los padres le sugieren que cambie de actividad, si lleva más de una o dos semanas haciéndolo con frecuencia y deja de hacer tareas, jugar con otros amigos, es decir, si altera su cotidianidad, entonces es mejor buscar asesoría.

Juliana Rojas H.

Univision

Gracias Sofie de MamasyBebes

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