sábado, 26 de enero de 2008

Cómo administrarle los medicamentos a tu bebé


Es importantísimo que hagas un uso racional de los medicamentos. Cuando se consumen sin necesidad, los únicos efectos que conseguirás serán los nocivos.


Un pequeño sano precisa de un número muy escaso de fármacos.

Las normas de administración de cada medicamento deben ser explicadas por cada médico que lo prescribe. En caso de que tengas dudas, es a él o al farmacéutico a quienes deberás dirigir las preguntas.

Los prospectos que acompañan a los medicamentos son una fuente útil de información sobre la manera de conservarlos y administrarlos, así como sobre los efectos secundarios, las contraindicaciones, etc.

De todos modos, debes tener en cuenta que los prospectos se elaboran teniendo en cuenta unas normas de tipo administrativo, por lo que en ocasiones el médico los prescribe en situaciones o a grupos de edad que no corresponden exactamente con el contenido del prospecto informativo: en caso de contradicción debes consultar con el médico antes de cambiar o suspender cualquier medicación.

Vías de administración de los medicamentos

Los medicamentos actúan de dos formas distintas, según cual sea su forma de administración:

Por vía tópica o local.
Por vía sistémica o general (vía oral y parenteral).
Por ejemplo, una crema o un ungüento actúan directamente sobre la zona donde han sido aplicados (vía tópica), en cambio un medicamento tomado por vía oral (vía sistemática) es absorbido en el aparato digestivo y, a través de la sangre, actúa sobre cada una de las células de nuestro organismo.

Vía oral

Los más habituales son los comprimidos, las cápsulas, los sobres con polvo para diluir y las soluciones orales o jarabes. Es muy importante leer en prospecto la forma de conservación. Algunos medicamentos debes ser conservados en el refrigerador después de ser reconstituidos.

La administración de medicamentos por vía oral a los pequeños es más difícil que a los adultos. La dosificación variará según el peso del paciente. Además, muy a menudo el pequeño no colabora y se niega a tomar la dosis. Ten un poco de paciencia y firmeza, te ayudarán a que los problemas se superen fácilmente.

La dosis

Por lo general, el pediatra recetará a los pequeños, los medicamentos en forma de jarabe o solución oral; de este modo es más fácil administrar la dosis exacta que el médico calcula en miligramos por cada kilo de peso del pequeño. Una vez convertido en centímetros cúbicos o milímetros, lo suele anotar en la receta. Es preferible que el médico te diga exactamente cuántos centímetros cúbicos debes administrar en cada dosis. La forma más cómoda para medir la cantidad exacta y para administrarla es que utilices una jeringa del tamaño adecuado: las de insulina para cantidades inferiores a 1 centímetro y las de 2 ó 5 centímetros para cantidades superiores. Si se trata de comprimidos, no hay ningún inconveniente en fraccionarlos. Las cápsulas no suelen utilizarse en pediatría, pero en caso de que sea preciso tomarlas debes consultar con el doctor antes abrirlas y administrar su contenido sin la protección de la cápsula.

El horario


La regularidad con que se debe administrar el medicamento dependerá del tipo del cual se trate. No es muy conveniente que interrumpas el suelo tranquilo de tu pequeño para administrarle un antitérmico, un calmante para la tos o un analgésico para al dolor. Sin embargo, si tu pequeño padece una infección seria y está tomando antibióticos es conveniente que seas rigurosa en el cumplimiento de los horarios.

La administración

En el momento que administres el medicamento es importante, como siempre que se trata con pequeños, que te muestres firme pero cariñosa. Con los mayorcitos más de 4 ó 5 años, lo mejor es que le expliques la situación con palabras muy sencillas y recurriendo si es necesario a la fantasía; con los pequeños de más de 6 años, la mayoría colabora, dado que en la actualidad los medicamentos no son de sabor desagradable.

Si tu pequeño es menor y el sistema anterior no te funciona, debes ser enérgica e igualmente cariñosa; no debes ponerte nerviosa ni gritar. Con movimientos lentos y sin que comiences un combate de lucha libre, sujeta firmemente a tu pequeño pero sin presión y sin agresividad. Siéntalo en tu regazo y háblale con voz suave para que le expliques lo que le vas a hacer. Si colabora, puedes aflojar la sujeción, pero si sigue sin colaborar, sujétalo entre tus piernas e introduce suavemente la medicación en su boca. Si la escupe, se le reprende suave pero firmemente y lo vuelves a intentar. Si muestras firmeza, no tendrás problemas. Debes evitar asustar a tu pequeño y perder la calma. Si estás enojada, lo mejor será que lo dejes para otro momento.

Cuando un medicamento se administra por vía oral, sus efectos alcanzan a todo el organismo. según cuál sea el tipo de medicamento, los efectos aparecerán más pronto o más tarde. Mientras algunos antibióticos no empiezan a dejar de sentir sus efectos hasta 48 horas después de haberse iniciado el tratamiento, un sedante por vía sublingual comenzará su acción en pocos minutos. Por otra parte, para que ciertos medicamentos sean efectivos puede ser necesario haber tomado varias dosis, de modo que la cantidad de medicamento en la sangre alcance la suficiente concentración.

La vía parenteral


La palabra parenteral significa en realidad que el medicamento alcanza el torrente sanguíneo sin pasar por el hígado. El hígado es la central química del organismo que controla y modifica casi todas las sustancias que llegan al torrente circulatorio. Las sustancias que penetran en nuestro organismo a través del aparato digestivo van directamente a parar al hígado a través de un sistema venoso especial llamado sistema portal, porque la vía principal es la vena porta. Todos los medicamentos que se toman por la boca pasan a través del hígado. Comúnmente, se entiende por parenteral la forma de administración a través de aguja y jeringa. Puede ser por vía subcutánea, intramuscular o endovenosa. Actualmente, se recurre a la vía intramuscular en muy pocas ocasiones. Los medicamentos modernos se absorben de una manera excelente por vía oral y no es precisa la administración parenteral en la mayoría de los casos. El grupo de las vacunas es el que mayormente recurre a esa vía, pues no se trata de sustancias químicas sencillas sino de fracciones de microorganismos o, en ocasiones, de microorganismos enteros. La vía parenteral debes ser administrada exclusivamente por personal capacitado.

La vía tópica


Esta se refiere a la administración local, ya sea en la piel, el ojo o en el oído.

En la piel

Los pequeños tienen con frecuencia rozaduras en la zona del pañal y son frecuentes los eccemas, por lo que es muy común el uso de cremas en esta zona. debes tener cuidado con la composición de las cremas y pomadas. No conviene que le apliques corticoides (derivados de la cortisona) de modo indiscriminado y sobre grandes superficies cutáneas porque favorecen las infecciones, sobre todo por hongos, y se pueden absorber algo interfiriendo con el funcionamiento normal del aparato endocrinológico del pequeño. También debes limitar el uso de antibióticos porque producen cambios ecológicos en la flora microbiana, de consecuencias imprevisibles en el futuro. Cuando le tengas que aplicar a tu pequeño alguna pomada o crema lo deberás hacer en cantidades pequeñas procurando que se absorba mediante un masaje suave.

La aplicación de sustancias aromáticas, como extractos de eucalipto, sobre la piel del tórax, no tiene ningún poder curativo conocido. Si bien resulta agradable para el pequeño, no existen grandes argumentos para contraindicarlos, pero debes ser cauta. El fuerte olor que desprenden podría empeorar los síntomas de un pequeño con bronquios muy sensibles, por ejemplo, durante un ataque de asma.

El oído

Un error frecuente, que viene del pasado y que todavía se comete con frecuencia, es la utilización de gotas para calmar el dolor de oído. Las gotas óticas deben utilizarse únicamente cuando lo indique el médico para el tratamiento de la otitis externa, que es la forma de otitis que aparece en verano al bañarse con frecuencia en piscinas y playas. El alivio del dolor, deberá ser por vía oral (con paracetamol, aspirina o ibuprofeno). La aplicación de calor local seco (paños calentados con la plancha, etc.) podrán contribuir a la sensación de alivio. En el caso de que debas aplicarle gotas a tu pequeño conviene que sigas los siguientes pasos: coloca la cabeza de tu pequeño plana sobre una mesa de modo que el oído a tratar quede en alto y vertical, deja caer una gota del fármaco previamente templado en el conducto auditivo y tira suavemente hacia atrás el pabellón auricular; repite el proceso con dos o tres gotas.

Si existe supuración en el oído, es posible que la membrana timpánica se haya perforado, consulta con el pediatra antes de que le pongas gotas a dicho oído.

Los ojos

Aplicar un colirio puede ser una misión imposible en un pequeño asustado o enfadado. Vale la pena que pierdas unos minutos jugando con tu pequeño e incluso juegues previamente con un poco de suero salino fisiológico para que no le asuste la caída de una gota sobre sus párpados. El colirio no debes aplicarlo directamente sobre la córnea, porque es la parte más sensible del ojo. La córnea es la lente transparente que cubre la parte pigmentada del ojo. El resto del globo ocular, que es blanco, y la parte interna de los párpados, de color rojizo, están cubiertos por una fina membrana llamada conjuntiva. La gota de colirio debes aplicarla sobre la conjuntiva. Es muy importante que no ejerzas presión sobre el ojo al separar los párpados.

Si tienes alguna duda de si una gota ha entrado en el ojo o no, no importa si le vuelves a administrársela, el exceso de medicamento será expulsado al exterior o pasará a la nariz a través del conducto lagrimal.

Los inhaladores

Los inhaladores son artilugios que al oprimirlos lanzan una dosis del medicamento en forma de nebulización. Para que el medicamento sea efectivo se debe coordinar la presión sobre el nebulizador con un movimiento de inspiración profunda similar al realizado al inhalar profundamente el humo del tabaco. Incluso para los adultos eso no es fácil y una buena parte de la dosis se pierde en la boca y la garganta , no alcanzando nunca los pulmones. Por esta razón , con los pequeños es mejor utilizar las cámaras espaciadoras. Hace poco tiempo se empezaron a comercializar dispositivos para inhalar polvo seco. Su efectividad es igual o superior a la de los inhaladores y su manejo es más sencillo.

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