martes, 17 de junio de 2008

Crean un polémico índice para medir la calidad de la vida sexual


CONCLUSIONES DEL "PROYECTO SEXUALIDAD", DE LA UNIVERSIDAD DE SAN PABLO, BRASIL

Es el "coeficiente sexual". Sirve para saber si la satisfacción que se logra con el sexo es "excelente" o "nula".


Es sabido que una buena vida sexual depende no tanto de la genitalidad como de ciertas sutilezas tan variables y poco mensurables como el deseo, la pasión o el erotismo. Sin embargo, una médica de la Universidad de San Pablo creó un test para medir el "coeficiente sexual" de los humanos y evaluar su calidad de vida sexual. Los expertos coinciden en que la intención de rotular remite a una "cultura coitocéntrica" que no entiende que el sexo es más que la penetración; que las clasificaciones buscan "colectivizar el gusto y las conductas" y que un buen amante no se define por su infalibilidad en las erecciones ni por la cantidad de orgasmos.

Tras dos años de investigación, Carmita Abdo, coordinadora del Proyecto Sexualidad del Instituto de Psiquiatría del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo, creó el test de coeficiente sexual masculino y femenino. Investigadora desde hace 30 años, Abdo dijo a Clarín que "fueron creados para ser de fácil utilización" porque "tienen un lenguaje accesible" y que no buscan reducir la sexualidad a una cifra. En el test, se suman puntos según la respuesta. A cada pregunta se puede contestar "nunca", "raramente", "algunas veces", "la mayor parte de las veces", o "siempre". El resultado va desde excelente hasta nulo.

"La calidad de una relación sexual puede variar dentro de una pareja y más aún cuando cambia el eventual compañero. Quizás como signo del posmodernismo, un índice que busca estimar promedios permanentes sólo pretenda acompañar la colectivización del gusto y de las conductas", opinó el ginecólogo Edgardo Rolla. Y agregó: "La actividad sexual es clave para el desarrollo personal. No deberíamos rotularla, clasificarla o masificarla".

Analía Tablado, presidenta de la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil, coincide: "Un score sexual no parece un método válido para evaluar la calidad de vida sexual. No sólo porque el desempeño varía sino porque lo que para uno puede ser satisfactorio tal vez no lo sea para otra persona: hay quienes pueden tener una relación muy placentera sin llegar necesariamente a un orgasmo y otros que, si no lo alcanzan, la pasan mal", describe.

Gustavo Rodríguez Baigorri, urólogo y sexólogo del hospital Tornú, distingue: "No se puede limitar la sexualidad a la genitalidad; la sexualidad tiene que ver con el erotismo, la pasión, el enamoramiento, con la identidad de género y la genitalidad remite sólo al tipo de coitos". Y analiza: "Vivimos en una cultura occidental netamente coitocéntrica en donde la sexualidad no es entendida como algo más que una erección. Un buen amante no es quien tiene el pene más grande o quien alcanza más orgasmos, sino quien tiene la capacidad de entender cuál es la necesidad de placer del otro".

Sentir la vida

La sexualidad es parte del desarrollo vital de toda persona como ser social en el mundo, propio y de la cultura que lo alberga. Por eso, su práctica renovada, placentera y saludable responde a muchos mandatos y valores relacionados con los planos psicológico, social y cultural, como creencias, mitos, rituales, jerarquías de fidelidad, virginidad, placer u orientación sexual. Hoy, el ser sexual es un producto de consumo más, cosificado en su esencia, que se expresa como algo global y anestesiado en vez de enriquecido y saludable.

Como inicio del camino hacia el bienestar, es importante considerar estos "consejitos para el bien amar": desprogramar la rutina con pequeñas sorpresas (para uno mismo o para su pareja); sostener una comunicación abierta, respetuosa y sin rodeos; fusionarse desde la admiración y las emociones; crear nuevos acuerdos y, sobre todo, permitirse sentir el placer de sentir la vida.

Diario Clarín

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