martes, 10 de marzo de 2009

Una quimioterapia con premio



Hay un momento de su embarazo que Laura recuerda especialmente. Fue a los cuatro meses y medio, cuando vio en la ecografía una delgada línea blanca alrededor de la cabeza de su hijo; era el pelo que empezaba a crecer. Para entonces ella llevaba ya varias sesiones de quimioterapia y estaba completamente calva. Laura es una de las aproximadamente 120 embarazadas con un tumor de mama que cada año dan a luz en España, historias que demuestran que gestación y cáncer ya no son términos incompatibles.

Cuando se palpó un bulto en el pecho en el año 1999, Laura ya sospechaba que podía estar esperando de su cuarto hijo, Jaime. Tenía varios antecedentes de cáncer en su familia así que no perdió ni un minuto para pedir cita a su ginecólogo y casi mientras le hacían una punción para analizar una muestra del tumor le confirmaron que estaba embarazada.

Las primeras células estudiadas resultaron benignas, pero ella no se quedó convencida y volvió a pedir una segunda opinión médica en Barcelona. Con la confirmación de sus peores temores comenzó también un proceso angustioso, de búsqueda de especialistas y de información, de soluciones. "Yo no me planteé en ningún momento interrumpir el embarazo", recuerda hoy Laura, "sabía que yo podía, pero necesitaba hablar con los médicos, saber qué podía esperar".

Esas respuestas se las dio el doctor Guillermo López, jefe del Servicio de Ginecología de la Clínica Universitaria de Navarra. Allí acudió Laura aconsejada por su amiga Mariam Suárez, hija del ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez, y allí encontró lo que buscaba. "Me recibió con una estadística y me dijo: 'Aquí no somos ni asesinos ni locos".

Las cifras del doctor López dicen que en nuestro país hay aproximadamente tres alumbramientos de mujeres embarazadas con cáncer de mama por cada 100.000 partos. Esto supone cerca de 120 casos al año y el 30% de ellos suele acabar en su consulta, centro de referencia en España para esta cuestión. "Aunque la asociación de cáncer y embarazo no es muy frecuente, la incidencia de los tumores de mama está aumentando y cada vez afecta a más mujeres jóvenes", explica. El de Laura fue sin duda uno de los más precoces. "Generalmente se evita dar quimioterapia en el primer trimestre por el riesgo de anomalías congénitas que conlleva", explica el ginecólogo.

Sin embargo, su tumor tenía mal pronóstico y hubo que adelantarlo todo. "El 20 de octubre de 1999 me hicieron una cuadrantectomía (...); el 15 de noviembre una mastectomía, ambas con anestesia general; y el 16 de diciembre empecé con seis ciclos de quimioterapia", recuerda hoy esta especialista en finanzas que trabaja para la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Una decisión no exenta de riesgos Pasó toda la gestación combinando reposo (había tenido placenta previa) con viajes a Pamplona para las sesiones de quimioterapia. "Estaba agotada, lo único que podía hacer por mi hijo era comer para que cogiese peso y descansar". Sus otros hijos, de seis, cuatro y tres años entonces, sólo supieron que se trataba de un embarazo difícil, "intentaba que no me viesen nunca en la cama".

¿Riesgos?

"Claro que los había, pero los asumí todos", dice hoy, "sabía que lo podía haber perdido, que le podía haber afectado en su desarrollo...". El mayor de ellos, según el doctor López, es el retraso en el crecimiento del feto aunque también pueden darse casos de sordera, especialmente cuando la quimioterapia se administra en los primeros tres meses. La radioterapia está contraindicada durante el embarazo, pero no después del parto. De hecho, muchos centros españoles ofrecen primero la posibilidad de provocar un aborto antes de proseguir con la terapia oncológica.

A juicio de López, lo importante es evitar el subjetivismo y saber que la ciencia cambia constantemente, "los libros de medicina están llenos de tópicos nefastos y hoy sabemos que el pronóstico de una mujer con cáncer y embarazada, es el mismo". Los 44 niños nacidos en estas circunstancias en la Clínica de Navarra están hoy completamente sanos, "no puedo saber qué será de ellos dentro de 40 años". "Las mujeres y los médicos deben saber que se puede seguir adelante", reivindica Laura. "Los pacientes debemos ir marcando la pauta y la sociedad debe asumir un papel activo".

Algo en lo que coincide quien fue su ginecólogo: "Los especialistas debemos contar con la participación del paciente en la toma de decisiones. Se pasó el tiempo de los enfoques doctrinales". Jaime, que hoy tiene cinco años, nació por cesárea a las 36 semanas y un día de gestación, después de 48 horas de parto. "Con una vuelta de cordón y nudo", se ríe su madre. Pesó dos kilos ochocientos gramos. Cuando lea esto sabrá que la de su madre, como dice ella, "fue una 'quimio' con premio".


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