sábado, 11 de abril de 2009

Saüc, un milagro de 420 gramos


Cuando empezaron las contracciones, de madrugada, a Vero, la madre de Saüc, los médicos le cosieron el cuello del útero y le advirtieron: «Sentimos mucho decirte esto, pero reza para aguantar dos semanas más. Porque, si sale ya, tu hijo no será viable».

Era la medida desesperada de los facultativos del Hospital barcelonés Vall d'Hebron para que Vero no pariese. Mientras eso ocurría, mientras le ponían inyecciones para que las contracciones cesasen, Vero hablaba con Saüc y le suplicaba: «Tú te tienes que quedar dentro de mamá. No salgas, por favor. No salgas, no salgas, no salgas. Por favor, no salgas».

Así recuerda Verónica Prieto, Vero, 'Verín', gijonesa de 34 años y residente junto a su pareja desde hace dos en Barcelona, el inicio de los dolores de parto, cuando apenas estaba de 23 semanas. Era el 26 de septiembre de 2008: «Guardaba reposo y cerraba las piernas con la esperanza de que se quedara dentro. Pensaba que, si no me movía, no tendría prisa por salir». Aguantó hasta el 8 de octubre. Ese día, pasados cuatro minutos del mediodía, nacía su primer hijo en el Vall d'Hebrón con 420 gramos de peso.

Saüc es el bebé asturiano -«porque, aunque haya decidido nacer en Cataluña, tiene el corazón luchador de los asturianos», explica su madre- de menos peso que los facultativos han logrado llevar a término, un récord que ostentaba una niña nacida en el Hospital Central con 470 gramos.
El primer hijo de Vero y su pareja, Jordi Ferrer, es un bebé extremadamente prematuro, como se denomina a aquellos recién nacidos de menos de un kilogramo de peso, «un campeón» porque, como bien ha aprendido su madre el límite teórico de la viabilidad de un recién nacido son 23 semanas, pero es sólo teórico, porque difícilmente salen adelante.

«Tenía cinco pediatras y cinco ginecólogos esperándole para transportarle en una incubadora a la UCI de Neonatología», cuenta la joven gijonesa, que venció enseguida el miedo de verlo. «Cuando me lo enseñaron, vi un bebé tan pequeñito que era como un gatín recién nacido. Era plano, con todos los órganos pegados a la piel. Era de color granate, sangre, y se le transparentaban todas la venas porque no tenía epidermis», hace memoria. «¡Dios mío, es precioso, el más guapo del mundo!», recuerda que pensó a pesar de «la impresión inicial».

En España, se estima que al año nacen entre 30.000 y 40.000 niños antes de las 37 semanas de gestación, la que marca si un bebé es prematuro o no, una cifra que se ha incrementado un 13% desde 2001 por los cambios en el estilo de vida de las gestantes, fundamentalmente. Y en Asturias nacen cada año alrededor de 600 niños prematuros, un 9% del total.
Horas después, Jordi fue a inscribirlo. «No sabíamos si sobreviviría o no, pero lo llamamos Saüc, que, para nosotros, es como una gran sonrisa, por la diéresis sobre la 'u', y que es saúco en catalán, un arbusto que se fortalece ante las inclemencias», dice su madre.

«Miedo, no rechazo»

Pasado el primer momento de shock, fueron conscientes de la gravedad de su situación. «Fue el peor momento. Resultaba horroroso enfrentarse a una incubadora donde está tu hijo lleno de tubos. Tenía vías en la cabeza, en los brazos, en las piernas, oxígeno... No se veía la carne. No era rechazo, pero sí muchísimo miedo». Y, abrazados, tomaron una determinación: «Si se tiene que morir, se morirá con nosotros a su lado. Y, si él va a luchar, nosotros lucharemos a su lado. Faltaría más». Y a hacer elucubraciones desesperadas: «Piensas que, si le tenía que haber pasado algo, debería haberle pasado durante el parto o en los primeros momentos, pero no cuando ya le hubiésemos cogido cariño». Empezaron a eludir las llamadas de amigos y familia: «Una gente no se atreve a llamarte y a otra no la quieres avisar para que no se asuste. El parto pasa de ser celebración a enfermedad».

Día a día, llegaron los pequeños avances. Lentos, «porque es muy difícil que estos niños ganen peso». Los ratos de «quedarse dormidos encima de la incubadora». Y los grandes hitos, como el día en que Vero pudo coger en brazos a Saüc por primera vez: «Era como una esponja. Estaba mojado y las manos se hundían en su piel. No podía dejar de llorar. Era mi hijo y lo estaba sintiendo».

Verónica y Jordi están convencidos de que su hijo salió adelante gracias a los avances médicos, que permiten que las posibilidades de supervivencia de los prematuros aumenten imparablemente, pero también al 'programa canguro', que basa su eficacia en el contacto directo del padre y la madre con el bebé. Es el método 'piel con piel', que consiste en tener al bebé sobre el pecho desnudo durante el mayor número de horas posibles al día, reproduciendo en lo posible el ambiente uterino.

Vero arrulla a su bebé cuatro o cinco horas diarias por las mañanas, «unos momentos en el que el tiempo queda suspendido». A Jordi le toca por las tardes. Y así han conseguido que Saüc haya alcanzado los 2.410 gramos.
En estas 14 semanas de «milagro de vida», Saüc ha superado una operación de corazón, cuando apenas pesaba 500 gramos, y «algún cuadro fatal, con paradas cardiorrespiratorias. Nos ha demostrado que es un ser maravilloso que se ha ganado vivir por derecho propio. Por eso se llama Saüc, porque el saúco se crece en la adversidad, como un milagro».

Si el embarazo de Verónica hubiese ido como estaba previsto, a su pequeño aún le faltarían todavía dos semanas para nacer. En una semana, Saüc, que ayer superó los 2.500 gramos, estará en casa.

Desde | El Comercio Digital

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