sábado, 17 de octubre de 2009

Aunque tu bebé ya no esté, sigues siendo su mamá


Mañana domingo 18 de octubre, en Argentina se festejará el dia de la madre.

Y qué pasa con las mamás que perdieron a su bebé?

Espero que aprecien esta historia escrita por una mamá que perdió a su bebecito.

Una Historia del Día de las Madres.

La ausencia de nuestro querido hijo (a) durante la época de Fiestas puede ser un estresor abrumante para las familias dolientes. ¿Podré sobrevivirlo? ¿Es normal lo que siento? ¿Debo ignorar las festividades este año? Estas son preguntas que me he hecho durante los primeros años que siguieron a la muerte de mi hija. Me gustaría compartir con ustedes algunos puntos generales que me han ayudado a manejar la muerte de mi bebé durante las fiestas.

Acepto y abrazo la probabilidad de dolor. No descarto que seguramente será una época dolorosa. Por supuesto que estoy agradecida de lo que sigo teniendo, y sin embargo, reconozco que estaré abrumada por lo que he perdido. Preparándome de esta forma, no tengo expectaciones inalcanzables de mí, de mis emociones o de mi conducta. Al mismo tiempo, reconozco que seguramente tendré momentos placenteros y disfrutables y que no debo sentirme culpable por esto.

Me preparo para la potencial insensibilidad de otros. Seres queridos bien intencionados que no nos quieren ver en duelo pueden tratar de apresurarnos al través de él. Algunos pueden insistir en "alegrarnos" continuamente. Otros pueden darte consejo de lo que puedes o no puedes hacer e incluso de lo que debes y no debes sentir. He encontrado que lo mejor es ignorar sus bien intencionados consejos y reclamar mis propios sentimientos. Nadie, excepto un padre doliente, puede entender lo profundo de mi dolor. Algunas de las emociones con las que me encuentro lidiando cada festividad (y en ocasiones, en cualquier día) son:

Tristeza.- La pérdida es abrumadora y me encuentro pensando cómo serían las cosas si mi hija estuviera aquí.

Depresión
.- Muchos días, particularmente la semana anterior a la festividad en cuestión me siento indiferente, aislada y desesperada.

Ansiedad.- Me siento incierta de las reacciones puedo tener y en la frecuencia de los estallidos de emociones (incluso en el supermercado) que me asustan y me sorprenden.

Ira.- ¡Estaba enojada con todos y por todo! No tengo a mi bebé, pero mi vecina y mi familiar si tienen al suyo. ¡Es injusto! Perdía la paciencia fácilmente. No costaba mucho provocarme durante este tiempo.

Culpa.- Los "hubiera", "pudiera" y "quisiera" son agonizantes. Incluso cuando sabía que no había nada que yo pudiera hacer que evitara la muerte de mi bebé, la culpa me seguía como una nube negra. Ninguna razón, por lógica que fuera, me puede quitar la sensación de culpa, así que suelo perdonarme a mi misma, asegurándome que hubiera dado mi propia vida por la vida de mi hija en cualquier momento.

Apatía.- Hay muchas ocasiones, años después de su muerte, en los que casi no tengo sentimiento alguno. No me importa nada, similar a lo que sentía durante las semanas que siguieron a su muerte. Aturdimiento, confusión y desorientación son ingredientes de la apatía.

Permitirte sentir tus propias emociones pueden ayudarte a sanar, a reconciliarte contigo misma y a descubrir quién eres. Ten en mente que los sentimientos no son buenos o malos... simplemente son.

Cuidaba de mí misma y de la memoria de mi hija muerta. Me sentía tan fuera de control en ocasiones. Pero siempre había formas de volver a tener control sobre mi vida y recordar la vida de mi bebé. Me di cuenta que lo mejor era no hacer cambios drásticos en mi vida al principio de mi duelo. Generalmente, la mayoría de las tradiciones y rituales que nuestra familia tenía antes de la muerte de mi hija permanecieron. Pero esta era una gran oportunidad para convertir mi dolor en algo positivo. Nuevos rituales formaron parte de nuestra tradición, en memoria de nuestra adorada bebé. Aquí hay algunas opciones para familias que quieran incluir a su bebé en la celebración de las festividades:

Recuerda a tu hijo(a) decorando su tumba. Nosotros compramos un pequeño árbol de Navidad y nuestros otros hijos ayudaron a decorarlo. Compramos globos y peluches y los dejamos junto con las tarjetas, notas y fotografías en el cementerio. Es una purga emocional que puede ayudar a la familia a sanar, recordar y amar junta.

Inscríbete en el centro comercial de tu comunidad para formar parte del Programa Ángel de Navidad. Nosotros buscamos una niña de la edad que tendría la nuestra y nos tomamos el tiempo de escoger el juguete que ella pidió y uno extra que pensamos le gustaría a nuestra pequeña.

Dona el dinero que hubieras gastado en tu hijo en las fiestas y dalo a tu asociación no lucrativa preferida, en nombre de tu bebé.

Recuerda a tu bebé en tarjetas navideñas, si así lo quieres. Desde que nuestra hija murió, enviamos tarjetas de Navidad en su memoria. ¡Me niego a permitir que otros se olviden de ella! Por ejemplo, una de nuestras tarjetas decía: "Queremos recordar a nuestra querida hija, Cheyenne, y abrazamos los recuerdos que nos dejó. Toma el tiempo para recordar los momentos especiales que compartes con tus seres queridos."

En medio de las risas y celebraciones
Voltearé mi para otro lado
Y lloraré lágrimas de tristeza
Ya que recuerdo la pieza faltante
Que no podrá reemplazarse
Con regalos y fiestas
Te recuerdo con amor
Incluso cuando los otros no.

Dear Cheyenne© 1996 revisado en 1998 por Joanne Cacciatore.

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