martes, 20 de octubre de 2009

Criar un bebé de forma ecológica


Leche materna, alimentos naturales, pañales ecológicos, ropa de fibra de maíz, cunas de madera ecocertificada... Criar, cuidar y educar a un bebé de manera ecológica tiene innumerables ventajas para la salud y el medio ambiente. No obstante, conviene asesorarse con profesionales que ofrezcan productos "verdes" o comprobar su certificación mediante el uso de ecoetiquetas...
La crianza ecológica de un bebé empieza antes de su nacimiento. El feto se desarrolla a partir de la comida que ingiere la madre y del oxígeno que respira, de ahí que sea esencial cuidar la alimentación y la calidad del aire. Los productos ecológicos, naturales o de temporada, permitirán tanto a la madre como a su bebé una dieta más saludable y respetuosa con el medio ambiente. También se debería huir de lugares con presencia de sustancias tóxicas o contaminantes. La madre no sólo debería evitar fumar, sino los lugares en los que se fume.

Una vez que el recién nacido se encuentra en casa, se puede incluir el elemento "verde" en muchos aspectos. Las propiedades saludables de la leche materna propician que cada vez más expertos recomienden este tipo de alimentación natural y aboguen por extenderla en el tiempo el máximo posible. Además de sus efectos beneficiosos, evita el impacto ambiental de la fabricación de productos de nutrición infantil. No obstante, en caso de tener que utilizarlos, se puede recurrir a una serie de potitos, papillas o leches preparadas, que se fabrican con productos naturales y ecológicos. También se recomienda reducir el consumo de alimentos precocinados.


Si se utilizan biberones para alimentar al bebé, conviene fijarse en sus materiales. Algunos expertos aseguran que ciertos componentes químicos como los ftalatos o el bisfenol A o BPA pueden resultar nocivos para la salud del niño, aunque no hay estudios que lo confirmen plenamente. En cualquier caso, conviene utilizar biberones elaborados con otro tipo de materiales, como el vidrio, el polipropileno o el polietileno.

Los pañales son otro elemento fundamental, ya que el bebé los llevará durante meses y estarán en contacto con zonas de su cuerpo muy sensibles. Los defensores de los "pañales ecológicos" sostienen que sus propiedades no tienen nada que envidiar a los desechables y que permiten un ahorro económico importante y una reducción considerable del impacto medioambiental. Las posibilidades son cada vez mayores, ya que pueden encontrarse desde pañales de tela con tejido orgánico biodegradable, hasta pañales de natación y compostables. No obstante, un informe de la Agencia Medioambiental británica, realizado en 2005, concluía que tanto los desechables como los denominados "ecológicos" gastan de forma distinta y en momentos diferentes cantidades ingentes de recursos. Por ello, no es aconsejable abusar de su uso.

Además de los pañales, los bebés visten prendas que pueden originar irritaciones o alergias. Los defensores de la ropa ecológica afirman que ésta no causa problemas y se adapta a la delicada y sensible piel del bebé. Recomiendan huir de los tejidos artificiales y escoger prendas con materiales naturales, en algunos casos tan curiosos como la fibra de maíz o la fibra de leche "milkofil".

Las fibras naturales, sin embargo, pueden resultar poco ecológicas. El algodón, una de las más recomendadas para la vestimenta infantil, ocasiona a veces problemas dermatológicos si se ha elaborado con una gran cantidad de pesticidas. Se recomienda buscar algodón ecológico u orgánico, ya que además de evitar estos plaguicidas químicos, reducen para su desarrollo las elevadas cantidades de agua de los productores no ecológicos.

Junto a la ropa, los elementos de higiene y aseo están en contacto directo con la piel. Cada vez más, se encuentran productos cosméticos ecológicos basados en sustancias naturales, como la flor de la caléndula, que evitan las sustancias químicas.

Diversos pediatras y dermatólogos se oponen a los jabones y limpiadores antibacterianos, ya que pueden mermar el sistema inmunitario del bebé y crear bacterias resistentes. Tampoco aconsejan bañar a menudo a los bebés porque se elimina la resistencia natural de la piel, sin olvidar el consumo de agua innecesario.

Incluso la habitación puede ser más ecológica con una serie de consejos. Hay cunas fabricadas con madera con certificación ecológica, mientras que los colchones se elaboran con algodón orgánico, lana y caucho natural. Se recomienda evitar la mayoría de los colchones convencionales fabricados con espuma de poliuretano, nylon, poliéster, vinilo o sustancias del tipo PBDE (polibromodifenil éteres). De la misma forma, las sábanas, mantas y colchas elaboradas con fibras naturales orgánicas ofrecerán una mejor adaptación a la piel del bebé.

Al pintar las paredes y el suelo de la habitación, la pintura ecológica puede ser la opción más interesante. Es aconsejable evitar los productos que contengan una cantidad elevada de compuestos orgánicos volátiles (COV). Por otro lado, los niños pasan mucho tiempo en el suelo, por lo que merece la pena fijarse en las alfombras. Una vez más, las fibras naturales orgánicas tienen una serie de ventajas para la salud y el medio ambiente.

Una forma de que el mantenimiento del hogar resulte más ecológico y saludable para toda la familia consiste en utilizar productos de limpieza naturales, como una mezcla de vinagre y agua para limpiar y desinfectar los suelos. La ventilación diaria de la casa durante al menos 20 minutos oxigenará las habitaciones y reducirá los posibles efectos de sustancias contaminantes en el aire interior.

El juego y la educación forman también parte del desarrollo del bebé, por lo que el elemento ecológico no debería estar ausente. Los entretenimientos convencionales pueden reunir ciertas deficiencias para la seguridad de los niños, por lo que es recomendable utilizar juguetes ecológicos. Las actividades al aire libre o la educación en valores respetuosos con el medio ambiente contribuirán a la crianza ecológica.

Respecto a los portabebés, transportan al niño de forma más cómoda y sencilla que las sillas convencionales. Permiten un contacto más directo entre el bebé y sus padres.

Los modelos son muy diversos, en forma de mochila frontal, bandolera o fular, si bien deben respetar al máximo la anatomía del niño y estar elaborados con materiales naturales.

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