sábado, 29 de septiembre de 2007

Dormir menos: aprender menos


Se publica en la revista Sleep un artículo que relaciona los patrones de sueño y el tiempo que el niño duerme durante los primeros 6 años de vida con su capacidad de aprendizaje, comportamientos hiperactivos y desarrollo del lenguaje.

Coincidiendo con el inicio del curso escolar se ha publicado en la revista Sleep (Publicación oficial de la Asociación de Sociedades Científicas Ameriacanas dedicadas al estudio del sueño y sus alteraciones) un más que interesante artículo que relaciona los patrones de sueño y el tiempo que el niño duerme durante los primeros 6 años de vida con su capacidad de aprendizaje, comportamientos hiperactivos y desarrollo del lenguaje en el momento de iniciar la escolarización a los 6 años de edad. El estudio se ha realizado en Canadá y abarca a 1492 familias con niños de 0 a 6 años de edad.

Las conclusiones del estudio no pueden ser más claras: Los autores concluyen afirmando que sus resultados indican que una pérdida pequeña de tiempo de sueño (1 hora menos de la necesaria) de manera crónica en el inicio de la infancia se puede relacionar con un peor rendimiento escolar del niño al iniciar la escolaridad a los 6 años, así como que, una corta duración del sueño durante estos primeros 4 años de la vida multiplica por 3 el riesgo de tener un desarrollo del lenguaje más lento.

Estos datos sugieren les indican a los autores (miembros de diferentes centros de investigación y universidades canadienses) que la adquisición del lenguaje y la consolidación de nuevas palabras en la memoria del niño pueden verse dificultadas por un acortamiento crónico de sueño durante estos primeros años de la infancia.

Otro de los hallazgos de esta investigación científica es que aquellos niños con un tiempo de sueño corto de manera mantenida durante los 3 primeros años y a pesar de una recuperación de sueño adecuada cuando cumplen 4 años, presentan puntuaciones menores en algunos test que valoran el rendimiento a los 6 años: a pesar de que el sueño se normalice a partir de los 3 años de vida, el riesgo de presentar puntuaciones menores en algunas áreas del desarrollo a los 6 años se multiplica por 2.4 veces. De manera que para los autores de este estudio debe existir un período crítico del desarrollo en el inicio de la infancia donde el déficit de sueño es particularmente dañino para algunos aspectos del desarrollo incluso a pesar de que el tiempo de sueño se normalice posteriormente.

Todos estos datos de manera conjunta nos hablan de la importancia de DAR LA OPORTUNIDAD de dormir al menos 10 horas cada noche durante los primeros años de la vida, especialmente los tres y medio años primeros.

En este mismo número de la citada revista otro investigador relaciona el uso de los teléfonos móviles una vez las luces del dormitorio se han apagado con la sensación de cansancio excesivo diurno de adolescentes. La investigación valora esta dinámica en 1656 adolescentes de una edad media de 13.7 años. Los datos son de nuevo llamativos: únicamente un 38% de ellos confiesa que no utiliza el móvil a esas horas. Aquellos que sí lo utilizan por la noche ( bien con mensajes bien con llamadas) al menos una vez a la semana tienen tres veces más posibilidades de mostrar un excesivo cansancio diurno. El autor afirma que el 35% de los casos de excesivo cansancio diurno en adolescentes de 13 años se podría atribuir al uso del teléfono móvil una vez apagadas las luces para iniciar el sueño.

La aparición de estos dos artículos que abarcan tanto la primera infancia como la adolescencia, en esta época de inicio del curso nos parece muy oportuna. Como se demuestra cada día, el sueño es necesario para el desarrollo armónico del niño y del adolescente. Su falta incide en su conducta incrementando conductas hiperactivas, alterando el humor y dificultando su aprendizaje.

Estamos inmersos en la sociedad de 24 horas con ofertas de actividad continuada las 24 horas del día de manera que en los últimos 50 años el español ha reducido como media en 25 minutos el tiempo que le dedica al sueño Sin embargo, ni en ciclos de formación de los profesionales de la salud ni en los ciclos formativos de los educadores se dedica el tiempo necesario a conocer la importancia del sueño en la salud y la capacidad de aprendizaje de nuestros jóvenes.

Seria necesario que tanto las instituciones públicas como las prevadas, los los responsables sanitarios y educativos así como los medios de comunicación y, especialmente, a las familias valoraran en su justa medida las necesidades de sueño de los niños e intentasen, por todos los medios, el ofertar a los niños y adolescentes la oportunidad de dormir las horas necesarias adecuando horarios y actividades a las necesidades de organismos en desarrollo.

Dr Gonzalo Pin Arboledas
Unidad del Sueño Hospital Quiron Valencia

www.buscasalud.com

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