martes, 6 de noviembre de 2007

La lactancia materna favorece el apego hacia el bebé y es un factor de protección frente al maltrato


La psicóloga Mónica Tesone explica los estudios científicos que evidencian la lactancia materna como factor protector frente al maltrato infantil, el abuso y el abandono.

La lactancia materna despierta en las madres una respuesta fisiológica que aumenta el nivel de oxitocina, una hormona que favorece la conducta materna, el apego y el vínculo hacia el bebé. Para expertos como Mónica Tesone, psicóloga y coordinadora de Enlaces Profesionales de La Liga Internacional de la Leche, este amor maternal fruto de la propia naturaleza humana es un factor clave a la hora de proteger al bebé de futuros maltratos. “Existen diversos trabajos científicos que lo demuestran”, apunta la psicóloga en su intervención durante el III Simposio Internacional de Lactancia Materna.

Tal y como explica, la lactancia materna es un factor protector hacia el niño en los casos en que la madre pudiera mostrar inclinaciones hacia el maltrato, el abuso o el abandono. En este sentido, Tesone menciona un estudio llevado a cabo por el Dr. Lane Strathearn en Texas (Estados Unidos) donde se trabajó con 7.700 madres durante el periodo de lactancia y los 14 años posteriores, constatando en este tiempo la existencia de denuncias por maltrato en dicha familias.

Las conclusiones, publicadas en el año 2001, revelaron que en 500 casos se produjo alguna forma de maltrato hacia el niño y se observó que, en las madres que habían amamantado a sus hijos al menos cuatro meses, esa probabilidad de ser maltratado era menor. “Una de las conclusiones fue que cuanto más tiempo de lactancia, menor porcentaje de riesgo de maltrato, y viceversa. Así, era evidente que la duración de la lactancia materna está relacionada con la probabilidad de riesgo de maltrato”.

El aumento de esa oxitocina, también llamada hormona del amor por algunos expertos, es la clave biológica y natural para que la madre vuelque todo su cariño en el recién nacido. Y en ese momento cobra gran importancia la primera hora del nacimiento, “un periodo sensible donde aumenta el nivel de la oxitocina, mejora el vínculo madre e hijo”, apunta la psicóloga. Muestra de ello es que, según explica, el lenguaje entre ambos se hace más rico, la madre se vuelve más cariñosa, habla de forma positiva y centra su mirada en el bebé.

En este sentido, Tesone menciona diversos estudios que han relacionado esa mirada madre e hijo con los problemas de abuso. “En casos de inceso y abuso a los hijos el perfil de la madre era de no ver, no escuchar, no mirar, no atender y no proteger a su bebé, ignorando la situación que le rodeaba”.

En contraposición, y según afirma Mónica Tesone, en las madres que disfrutaban esa primera hora tras el nacimiento con su bebé, “y 20 minutos extra”, se veía que el niño sonreía más y lloraba menos. “Estudios en Rusia y Suecia demostraron que el contacto precoz madre e hijo redujo notablemente el abandono de los hijos. En Tailandia, por ejemplo, esos abandonos pasaron de 33 por cada 10.000 niños a tan sólo uno”.

¿Pero de qué depende esa primera hora de contacto piel con piel entre las madres y sus bebés? Tal y como explica la psicóloga, hay varios factores implicados. “La madre debe estar bien informada y saber qué es lo mejor para su hijo sin dejarse llevar por falsos mitos. Amamantar es una combinación biológica y cultural”.

En este sentido, los profesionales sanitarios deben ser un apoyo a la hora de proporcionar a la mujer una información homogénea acerca de la lactancia y la importancia de la primera hora “piel con piel” entre madre e hijo. Además, esta situación depende de las rutinas hospitalarias en el momento del parto, “ya que muchas de las pruebas que se le hacen al bebé en el nacimiento impiden y retrasan el primer contacto con la madre”.

http://lta.reuters.com

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