martes, 26 de febrero de 2008

La obsesion no te ayudara a concebir


Embarazos tardíos, semen de peor calidad y una vida sexual escasa y demasiado encorsetada son algunos factores biológicos y sociales que dificultan la concepción de un hijo, incluso aunque se recurra a procedimientos de reproducción asistida

A los 25 acabamos los estudios, a los 28 ya tendremos un trabajo estable, a los 30 nos compramos una casa, a los 33 terminaremos de pagar el coche; un par de años más para sanear la economía y viajar un poco y a los 36 vamos a por el niño. Este planteamiento es similar al que diseñan muchas parejas actualmente. El problema de elaborar un calendario tan rígido y de planificar una gestación como si fuera un producto de consumo más es que, casi de manera inevitable, se produce una demora que obstaculiza la concepción, un acontecimiento estrechamente ligado a la edad de la madre.

Es entonces cuando empieza una angustiosa carrera contrarreloj en la que concebir es una prioridad. Por ello, se recurre cada vez más a las técnicas de reproducción asistida, pero los especialistas insisten en que, incluso a pesar de los avances en este campo, si se decide gestar un hijo, cuanto antes mejor.

En las sociedades occidentales modernas la maternidad se ha situado a la cola de una serie de prioridades -laborales, económicas y personales- dispuestas en un esquema diseñado y planificado casi al milímetro.

Desde el punto de vista sociocultural, esta transformación -derivada fundamentalmente de la incorporación y escalada de la mujer en el mundo profesional y la descompensación que existe entre los papeles masculino y femenino en la vida familiar-, es lógica. Sin embargo, lamentablemente, desde la perspectiva biológica, no es demasiado halagüeña.

Según se desprende de las estadísticas, este exceso de programación vital repercute, casi indefectiblemente, en un retraso considerable a la hora de buscar un embarazo, una dificultad esencial a la hora de lograrlo. «La mujer nace con un número limitado de ovocitos [gametos femeninos].

Independientemente de que la reserva es variable en cada niña, ésta va descendiendo en cada menstruación. Además, a partir de los 35 años los óvulos [ovocito maduro] no sólo comienzan a ser más escasos, sino que tienen peor calidad. Después de los 44, quedarse embarazada no es imposible, pero se convierte en una auténtica excepción; incluso con ayuda científica», resume Simón Marina, director del Instituto de Reproducción CEFER de Barcelona.

Por otro lado, y a pesar de que la posibilidad de gestación está estrechamente ligada a la edad de la madre, también existen otros condicionantes que dificultan la consecución de un embarazo, como es el empeoramiento de la calidad del semen.
De hecho, los bancos se están encontrando con que una parte considerable de los donantes tienen que ser rechazados porque no cumplen los requisitos fijados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en cuanto al volumen, concentración o movilidad de los espermatozoides, para ceder las células reproductivas.

«Creemos que las causas de este fenómeno son ambientales [dieta, estrés, tabaco, alcohol y otras drogas...], ya que es imposible que en tan poco tiempo se hayan producido modificaciones lo suficientemente importantes en los varones que expliquen por qué su semen ha perdido calidad», explica Marina. En cualquier caso, todos estos factores no hacen sino dificultar la concepción de un hijo a una especie, la humana, que ya de por sí es subfértil: las hembras no gestan y alumbran ocho o nueve cachorros, como ocurre con otros animales.

«La planificación familiar en si no es negativa, todo lo contrario, pero si se afronta a partir de cierta edad, las dificultades van en aumento; eso es innegable», aclara Agustín Ballesteros, director del centro de reproducción IVI de Barcelona.

A CONTRARRELOJ

«Actualmente, la decisión efectiva de ser padres se toma mucho más tarde que hace dos o tres décadas; de esta manera, cuando se ponen a ello comienza una carrera desenfrenada contra el reloj biológico en la que gestar un hijo se convierte en una prioridad absoluta», afirma Agustín Moreno, coordinador del grupo de interés de Psicología de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) y psicólogo en la Clínica Tambre de reproducción, en Madrid.
De esta manera, las parejas angustiadas que han planificado su paternidad concienzudamente se ven abocadas a un periodo regido por el calendario fértil, algo que también reduce las posibilidades de concebir un hijo por medios naturales.

«Si se empiezan a marcar los días exactos para lograr un embarazo suelen surgir los problemas de la presión autoimpuesta; lo que dificulta considerablemente las relaciones sexuales y perjudica la vida en pareja», afirma Gorka Barrenetxea, director médico de la Unidad de Reproducción Asistida de la Clínica Quirón de Bilbao.

En este sentido, todos los especialistas coinciden en señalar los inconvenientes de estar sometidos a este tipo de ataduras, incluso partiendo de la base de que, si bien el estrés y la ansiedad pueden reducir las probabilidades de lograr un embarazo, este condicionante emocional tiene menos peso cuando la maternidad se ayuda de la técnica.

«El coito dirigido [procedimiento según el cual se fija el momento de las relaciones sexuales en función del ciclo de fertilidad de la mujer] se usa cada vez menos y sólo en circunstancias muy concretas; no es saludable restarle demasiada normalidad a la vida sexual», corrobora el director de CEFER.

Y es que, fruto de toda esta obsesión, ha surgido una demanda cada vez mayor de esta clase de tratamientos. Se calcula que una de cada cinco parejas que busca descendencia se ve obligada a apoyarse en la ciencia para conseguir su objetivo, por esperar demasiado. Otro botón de muestra de esta tendencia queda reflejada en los datos del registro ESHRE (siglas en inglés de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología). De ellos se desprende que España es líder en el Viejo Continente en cuando a los tratamientos de fertilidad en mujeres cercanas a los 40 años.

El experto del centro Quirón hace un matiz a este respecto. «En reproducción asistida nos encontramos con la pescadilla que se muerde la cola. El abanico de alternativas es cada vez más amplio y las tasas de éxito mayores. Esto genera un aumento de la oferta que también repercute en una mayor demanda, ya que cada vez más parejas encuentran una solución y, además, el hecho de confiar en la ayuda científica les sugiere la idea de que tienen un margen mayor de tiempo para engendrar un hijo».

Sin embargo, su homólogo de CEFER insiste en que las parejas deben saber en todo momento que, aunque la reproducción asistida ha experimentado un desarrollo inusitado en los últimos tiempos -gracias a los avances científicos y tecnológicos y a la desaparición de muchas trabas legales y éticas de la sociedad-, el éxito que se puede lograr con ella es limitado.

«Aunque cueste aceptarlo, porque en otras facetas está en la flor de la vida, una mujer de 40 años no es joven desde el punto de vista reproductivo; así que cuando les dices que se enfrentan a un proceso largo y complicado que, además, no les garantiza una gestación, se producen muchas sorpresas desagradables», afirma Marina.

«Someterse a los tratamientos de fertilidad implica entrar en un mundo en el que las garantías de éxito no existen; también hay muchos pasos de los ciclos en los que la pareja no puede hacer sino esperar. Esa falta de control sobre la situación crea un estrés emocional difícil de manejar; máxime cuando se ha partido de una mentalidad en la que todo se basa en la planificación milimétrica», corrobora Agustín Moreno.

Por este motivo, todos los implicados en el complejo ámbito de la reproducción asistida demandan centros y profesionales que informen detalladamente a sus pacientes acerca de todas y cada una de las alternativas disponibles según el caso, que supervisen cada parte del proceso y que, dado el caso, aconsejen cuándo ha llegado el momento de parar. «Solucionamos muchos problemas de infertilidad; cada vez más, pero no hacemos milagros», apunta el doctor Barrenetxea.

SOLUCIONES

En realidad, el remedio de este problema es extremadamente complejo, ya que requeriría lo que los especialistas denominan «elementos facilitadores» de la gestación a edad más temprana y ayudas para que el embarazo y la crianza de los hijos fuera factible antes de los 35 años.

«Son hechos socioculturales que, además, requieren de un mayor conocimiento por parte de la población general de los detalles del proceso reproductivo natural», reflexiona el psicólogo de la SEF.

Sin embargo, y dadas las dificultades que plantea esta transformación social, la ciencia sigue trabajando para solventar los obstáculos.

El último hito en el campo de la reproducción asistida es la congelación de óvulos cuando la mujer todavía es joven (y sus células reproductivas no sólo son numerosas sino, además, óptimas en cuanto a calidad) para emplearlos, en solitario o en pareja, cuando decida intentar quedarse embarazada.

Por el momento, las principales destinatarias de esta técnica son las féminas que, debido a tratamientos (fundamentalmente oncológicos) que pueden perjudicar su capacidad reproductiva, congelan óvulos para poder ser madres después de concluir la terapia. No obstante, la posibilidad de que este método se emplee en mujeres jóvenes completamente sanas en previsión de un embarazo futuro comienza a ser una realidad innegable.

«Por el momento, no se emplea demasiado porque la idea tiene poca penetración social, pero cada vez se demanda más y estamos completamente seguros de que en el futuro inmediato será el área de la reproducción asistida que experimente mayor crecimiento», constata Marina.

El director del IVI de Barcelona coincide con él. «Las técnicas de conservación han mejorado [ahora se vitrifica, no se congela, en realidad] así que los óvulos tienen prácticamente las mismas propiedades que si fueran frescos; además, la ley contempla esta posibilidad desde hace poco. Todo ello repercutirá, sin duda, en que el proceso sea muy habitual», vaticina. Sin embargo, todos coinciden en que retrasar la maternidad (natural o asistida) no es lo idóneo. Así, si se tiene claro que se desea un hijo, no conviene anteponer cosas que, quizá, sí pueden esperar.



Una vida sexual más activa para procrear y ser feliz

Es una perogrullada, pero lo cierto es que los especialistas en reproducción se están encontrando con muchas parejas a las que hay que recordarles que, para concebir un hijo, lo primero es mantener una vida sexual activa. «De hecho, cuando hacemos la historia clínica, a veces detectamos que existe una disfunción sexual [masculina o femenina] que puede estar dificultando las relaciones sexuales y, por lo tanto, la gestación. No obstante, cuando informamos de ello a la pareja y les proponemos tratamiento, lo rechazan alegando que lo que quieren es quedarse en estado y que lo demás ya lo arreglarán ellos por su cuenta», expone el doctor Gorka Barrenetxea.

En cualquier caso, y aunque la angustia por tener un hijo puede repercutir negativamente en la frecuencia de las relaciones íntimas y en la calidad de éstas, según los expertos, «estas personas en realidad reflejan lo que está ocurriendo en el resto de la sociedad, y no es otra cosa que las relaciones son escasas y muy programadas». Por un lado, las largas jornadas laborales quitan tiempo a las actividades fuera del trabajo. Además, producen un cansancio que hace desistir incluso a los amantes más aguerridos.

Por otra parte, las ofertas de ocio son cada vez más amplias, lo que también roba horas al sexo. En este sentido, la televisión parece tener un papel especialmente perjudicial. Para apoyar este razonamiento, los facultativos recurren al ejemplo de los amish de Dakota (EEUU). Esta secta religiosa vive en un medio rural, no usa anticonceptivos y contrae matrimonio, siempre monógamo, a partir de los 17 años. Hasta la década de los 70 sus miembros tenían prohibida la energía eléctrica, de manera que no disponían de ningún tipo de electrodoméstico.

A partir de la desaparición de esta estricta norma, y de la introducción de los receptores de televisión en los hogares, la media de hijos por cada familia bajó de 12 a ocho. Ningún otro parámetro había variado. «Es poco probable que la lavadora o el lavavajillas repercutan en una vida sexual más escasa; pero la televisión sí, especialmente cuando el aparato está dentro del dormitorio de la pareja», apostilla Barrenetxea que, al igual que otros de sus colegas, apuesta por una «conciliación de la vida sexual con otros ámbitos personales; no sólo para procrear; sino para ser más felices en general». «Hemos pasado de la angustia de la edad adolescente por no quedar embarazados a la ansiedad porque el bebé no llega; hay que relajarse un poco y dejarse llevar más», aconseja el especialista.


'Trucos' para concebir

  • Cuanto antes mejor. A partir de los 35 años las posibilidades de gestación van reduciéndose progresivamente. Si tiene claro que quiere tener un hijo sitúelo entre sus prioridades, no al final de una lista de tareas.
  • Actividad sexual. Antes de pensar en que hay un problema de fertilidad asegúrese de mantener relaciones sexuales de manera frecuente. Reserve tiempo para los contactos íntimos.
  • Problemas de base. Si existe una disfunción sexual (masculina o femenina) pida ayuda profesional para solucionarla antes de buscar un embarazo mediante reproducción asistida.
  • Sin calendario. Aún cuando se someta a técnicas de este tipo, las relaciones de pareja no deben circunscribirse únicamente a los días fértiles. Déjese llevar y la ansiedad se reducirá.
  • Conciliación. Los contactos íntimos forman parte de una vida plena. Trate de compaginarlos con el trabajo, el ocio y otras obligaciones.

  • http://www.elmundo.es

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