martes, 15 de abril de 2008

Ser madre y mantener una carrera es incompatible


Las mujeres se ven discriminadas con el primer embarazo. Las oportunidades laborales son cada vez más reducidas y sus expectativas de crecimiento disminuyen

Ser despedidas, maltratadas, sufrir acosos sexuales o impedimentos para participar de cursos de capacitación son sólo algunos de los martirios que enfrentan buena parte de las mujeres trabajadoras cuando anuncian su estado de embarazo o bien cuando se reintegran a la oficina tras concluir la licencia por maternidad.

A estas conclusiones arribaron distintos expertos consultados por la agencia Noticias Argentinas, como las denuncias registradas durante 2007 por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi).

Si bien a lo largo del año pasado el organismo contabilizó casi 20 denuncias en todo el país, "estos episodios se repiten constantemente. Hay muchísimos casos más que no nos llegan o porque son denunciados al Ministerio de Trabajo, al sindicato, a un abogado directamente, o bien no lo hacen. Y ni hablar de quienes están en negro, que no cuentan con derechos a favor alguno, y son las más perjudicadas", consideró la titular del Inadi, María José Lubertino.

"La experiencia nos demuestra, pese a no existir datos certeros, que estas situaciones son una constante para las mujeres, en especial, para aquellas que trabajan en los sectores no formales de la economía o en pequeñas empresas, comercios o servicios", detalló Olga Hammar, presidenta de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades en el Mundo Laboral.

Los motivos de los maltratos

"Los patrones no dudan en despedirlas ante el temor por los obstáculos que la maternidad le pueda acarrear a la empresa. Además, porque saben que sale una y entra otra dado la gran demanda laboral", explicó Hammar.

Lubertino, por su parte, puso especial énfasis en subrayar que "dentro del empleo no formal, la mayoría son trabajadoras, algo que ya de por sí nos pone a las mujeres en una situación de desventaja. A eso hay que sumarle que las únicas que nos embarazamos somos nosotras, quienes a su vez por estar en negro no tienen ningún derecho, ni obra social, ni cobertura, y son las que más evidencian este tipo de discriminaciones".

Las grandes empresas, en tanto, tampoco están exentas de estos cometidos, aunque aparecen en menor proporción: "también ocurren, pero con menos frecuencia", coincidieron en asegurar ambas funcionarias.

Los preocupantes datos

Laura Paussari, investigorda del Conicet y miembro del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), se mostró más precavida y reclamó ante la escasez de estadísticas y estudios al respecto.

"No hay datos. Esto es un tema clave, la falta de información y de estadísticas laborales disponibles que contemplen situaciones de discriminación por razón de género. Muchas denuncias terminan en causas judiciales pero tampoco se conoce en detalle su cuantía y formas de resolución", precisó.

Frente a este panorama, "¿por qué las damnificadas que se desenvuelven en la economía formal no suelen presentan una denuncia? Por temor a represalias, a perder el puesto de trabajo, porque no sienten o no saben efectivamente que legislación y/o normativa las ampara. Lo definiría como un tema de desconocimiento más temor", sintetizó Paussari.

Y algo similar ocurre en este mismo sector del mercado laboral a la hora de tener que anunciar a los jefes que están esperando un hijo.

"Sin duda- manifestó la investigadora- se ha instalado en el imaginario que probablemente la despidan, a pesar que goza de protección por ley de contrato de trabajo. En paralelo, se ha forjado como un discurso fuerte que las mujeres por sus responsabilidades familiares son mas "costosas" que los varones".

Una posible solución

A la hora de plantear alternativas para "desterrar" estos episodios de discriminación, la titular de la Comisión Tripartita citó como ejemplo lo aplicado en Europa donde las empresas habilitaron guarderías y desde los municipios se crearon centros gratuitos de atención a los adultos mayores así como jardines maternales.

"En la Argentina, son muchas las organizaciones sociales que encontraron en el jardín maternal comunitario una opción para salir de esta situación, y permitirle a la mujer pobre seguir trabajando. Por eso, el Estado debe impulsar y apoyar este tipo de iniciativas en todo el país, como una forma inicial para resolver el problema", subrayó Hammar.

Y agregó la necesidad de promover una política pública en busca "no sólo de la igualdad de género" sino la "paridad", a fin de que "tanto el hombre como la mujer puedan desempeñar las mismas funciones en el hogar, que la mujer pueda conseguir los mismos puestos y ganar el mismo sueldo, entre otras cuestiones".

Desde | www.mamasybebes.com.ar

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