lunes, 22 de septiembre de 2008

Adaptación a los primeros días de colegio


Los más pequeños que comienzan su etapa en la guardería o Educación Infantil (hasta los 4 años) pueden expresar de diversas formas su rechazo: pataletas, lloros... o mediante posturas de aislamiento, así los más retraídos se suelen quedar en un rincón o permanecen sentados sin decir ni hacer nada. Estas situaciones, aunque son difíciles, “sólo las pueden superar ellos mismos”. Con el paso del día o las semanas lo más probable es que las posibles pataletas y el deseo de estar con sus padres deje paso a un mayor interés por el colegio, los compañeros y especialmente por la profesora o profesor.

Los niños no son los únicos que lo pasan mal el primer día de colegio; para los padres y madres la situación no suele ser fácil. En estos casos, los niños intuyen rápidamente la actitud que toman sus cuidadores. “Algunas madres o padres dejan a su hijo en la puerta de la clase con una profunda pena que el niño percibe; incluso pueden irse con lágrimas en los ojos. Es una experiencia de separación y es lógico que existan sentimientos de pena, pero ante todo los padres tienen que intentar mostrar todo el aplomo y seguridad posibles”.

¿Qué pueden hacer los padres para facilitar la adaptación?

Los padres han de manifestar una actitud segura y tranquila, pero también cercana y comprensiva. Deben hablar muy bien al niño del lugar a donde va a ir, explicarle lo que va a hacer, repetirle continuamente que se lo va a pasar muy bien, que hay muchos niños y muchos juegos, y que luego irán a recogerle. El llanto es normal los primeros días. Los niños necesitan contacto afectivo. Padres y profesores han de ser conscientes de ello. Además, el llanto es contagioso, de manera que el mejor consejo es que los padres se despidan sonrientes y de la manera más rápida posible. De la habilidad y experiencia del educador, de su capacidad de ofrecerles actividades atractivas y cercanía afectiva, dependerá que la situación se prolongue más o menos tiempo. Es más importante que los niños se adapten bien a que empiecen cuanto antes a “trabajar”. El nivel de exigencia debe ir ascendiendo gradualmente. Si a edades tempranas la frase “no quiero ir al cole o me duele la tripita” se repite con insistencia en casa, es preferible cambiar de conversación con humor antes que intentar mentalizar al chiquillo de la obligatoriedad de acudir a clase. Es aconsejable interesarse por lo que ha hecho el pequeño en el colegio, hablar con él, escucharle, alabar su “trabajo” y hacerle preguntas.

PAUTAS A SEGUIR

“Los niños que antes de ir al colegio han acudido a guarderías ya han atravesado esta etapa de semiduelo mucho antes, entienden mejor el momento de la separación de los padres y al conocer lo que es una clase se encuentran más relajados. Además, se ponen pronto a jugar con los diferentes juegos que tienen a su disposición”, incluso hasta llegan a consolar a otros niños.

Entre los hijos únicos y los que no lo son en su periodo de adaptación a las aulas no se notan diferencias. Pero tener hermanos mayores en el mismo centro es “una ventaja”. Los pequeños saben que los “mayores” están cerca, pueden verlos en los pasillos o en el patio y les aporta seguridad. Tampoco hay que olvidar que estos niños de 3 ó 4 años “se sienten muy pequeñitos” al entrar en un colegio en el que son también los de menor edad. Sufren el abandono de algunos de sus compañeros, tienen que adaptarse a las normas de una institución en la que ya no hay cabida, por ejemplo, para la siesta o los pañales y esto también puede significar una ruptura dentro de su ritmo biológico.

Además de trasmitir a los pequeños familiaridad y mucha seguridad, existen algunas medidas prácticas que también pueden contribuir a que la adaptación de los niños a las aulas sea más corta y con mejores resultados.

Veamos cuáles son:

En la medida que sea posible, conviene elegir un colegio adecuado a la personalidad y características del pequeño. Si es un niño muy creativo hay que procurar buscarle una enseñanza que potencie su creatividad. Intentar visitar con el niño el centro escolar. Conocer la clase y al maestro que va a estar con él puede ayudarle mucho. Para que el ritmo biológico no se rompa tan bruscamente, la semana anterior al comienzo de las clases hay que procurar levantar al niño de la cama a la misma hora a la que se levantará durante el curso y darle la comida a una hora lo más próxima posible a la del horario escolar. Es buena idea preparar juntos la mochila, la bata y todo lo necesario para acudir a clase. En el colegio el niño aprenderá a valerse por sí mismo, por ello, si los padres desde casa ya fomentan la autonomía del pequeño será para él mucho más sencillo.

Es positivo enseñarle a vestirse y desvestirse y allanarle el camino con prendas y calzado cómodos y fáciles de quitar y poner, todo marcado con su nombre para que el maestro pueda identificarlas. El control de esfínteres diurno culmina entre los 20 y los 30 meses. Cuanto más tiempo haya tenido el bebé para madurar su aprendizaje antes de entrar en el colegio, mejor. Si se produce un retroceso en este sentido hay que tomárselo con calma y paciencia, siempre con la seguridad de que el pequeño va a conseguir superarlo. Nunca debe “hacerse un mundo” del problema ni cometer el error de volver al pañal.

Si el niño manifiesta su inquietud o inestabilidad con vómitos no hay que darle demasiada importancia. Lo mismo si alborota y chilla. Los padres deben preocuparse si el niño no llora, no habla, está resignado y retraído Los padres deben preocuparse si el niño no llora, no habla, está resignado y retraído. Es entonces cuando realmente un niño lo está pasando mal. Si la situación se prolonga durante semanas hay que hablarlo con el equipo educador de manera relajada para averiguar de manera coordinada dónde está el problema.

Si entre todos no se resuelve pronto se recomienda consultar a un especialista. Es importante respetar el horario del periodo de adaptación establecido y escuchar a los maestros. Una adaptación exitosa hará ver al niño el centro educativo como un lugar en el que se siente seguro y protegido. De todas formas y sobre todo durante los primeros días es muy importante la puntualidad a la hora de ir a buscar al pequeño, para evitar que la sensación de abandono sea más intensa.

Desde | Psicologo en Casa

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